ZAHUR KLEMATH
ZAPATA es un escritor colombiano. Ha publicado varios
libros de poesía y ensayo. Publicó una revista bilingue
en Nueva York llamada “Azu”.
El hombre infinito (Manifiesto)
El ser humano es un creador, no importa donde esté ubicado en el
universo, su mente trasciende las barreras de lo imaginable, sin importar
espacio-tiempo. Las cosas que vemos y palpamos, están ahí,
no solo por el hecho de ser sino por que estamos presentes y hacemos parte
de ese todo. Si miramos en cualquier dirección, somos el centro
del universo y hacemos parte de él, por eso cuando el hombre piensa,
se convierte en un creador.
El canto de un pájaro, la belleza y el aroma de una flor, el conjunto
de la cosas de la naturaleza, más sus habitantes; ese mundo simple
y uniforme, frágil e impredecible, el espacio sideral, todo ello
surge con el entendimiento del hombre, que al final es quien le da el
toque real al conjunto de las cosas. Igual que el frío viento al
bebe cuando nace.
No somos simple naturaleza, ni genios, ni dioses; somos seres que venimos
como energía de la nada y que hoy razonamos como primates y que
vamos hacia la energía vital. El hombre en esencia es el todo,
aquí y en todos los confines donde haya intelecto y razón.
El ser es igual en el universo, no importa su aspecto o apariencia física,
es la energía vital la que lo diferencia y lo identifica. El hombre
está consigo en el universo, lleno de todas las posibilidades,
es el conquistador y el creador de nuevos mundos. Está a las puertas
de lo eterno; es su intelecto fuente de toda energía en el manantial
de las cosas ignotas en el fluir de la corriente de lo eterno. El hombre
es la unidad del todo: es el hombre infinito, irremediablemente.
Tenemos los sentidos y nos comunicamos a través de la palabra y
de hechos físicos. Dejamos huellas de nuestra evolución
en la memoria de nuestros genes y de tiempo en tiempo saltamos un peldaño
más en la escala de nuestra evolución. La palabra rompió
el silencio de nuestra mente y fortaleció nuestra comunicación
e intelecto; de ella nos servimos hasta que la energía más
sutil abra las puertas del lenguaje y de los sentidos. Evolucionamos con
la palabra y la ejecutamos con el malabarismo de nuestro pensamiento para
develar la incógnita del porqué de las cosas. Nada está
oculto, nada está negado al intelecto del humano. El hombre tiene
la inteligencia e imaginación para explorar el macrocosmos, pues
él está a nuestra merced.
El temor a los dogmas, a la falsa moral y la prudencia, han cerrado todas
las posibilidades que el ser ha tenido para abrir las puertas de lo desconocido.
Estos falsos temores nos han desvaído el razonar que nos conduce
por el camino a encontrar la respuesta allende la oscuridad.
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