Fálica, fétida o famélica consorte,
la noche desciende,
cuando el tedio locuaz se hace silencio.
Y lenguas viperinas del "fermento" de este tiempo,
Cesan jadeantes, babeantes,
en el edredón del sueño.
Instaura el devenir Dantesco
de los espectros en los Centros Comerciales,
los museos y los hospitales transmundanos de la urbe.
¿Qué pueden decir a Nosferatu, los chupa sangre
de Wall Street?,
cuando la "negra celeste" y lluviosa de Manhattan,
promete el velo vicioso de la bruma sobre los rascacielos;
o en el Big-Ben, o en el Kremlin.
Como ratas -o como erratas-:
El bohemio, la doncella meretriz, su proxeneta y un conserje regordete
danzan con los ojos cerrados en un bar latino de París,
cerrado, exiguo, amarillento y palúdico -anémico
escenario-.
Afuera, la Neura,
debía llamarse ese estupor del suelo (que impregnó
el día),
y que impide a la niebla bajar completamente:
¡posarse!, poner su culo sobre la sien del preocupado.
Así, en el suelo de un piso de Madrid,
la Neura, no habla, no admoniza, ni fermenta,
tal es su tácito aliento, (como yaciendo bajo el verso),
Neutra, agazapada;
esperando el día, bien entrada en la noche,
como un espectro acechando…
"Al rescoldo de la penumbra".