Simone Accorsi
LAS MUJERES DE ‘SAN’ JORGE AMADO,
BAHIA-BRASIL
“Pobres mujeres, que lloraban, rezaban y se embriagaban
en la Calle del Lodo. Pobres operarias del sexo. ¿Cuándo
llegará el día de vuestra liberación? Cuantos manantiales
de caricias perdidas, cuantas buenas madres y buenas trabajadoras. Pobre
de vosotras, aquí las señoras casadas no dan el derecho
ni siquiera al reino de los cielos. Más los ricos no se avergüenzan
de la prostitución. Contentanse en despreciar las desdichadas.
Olvidanse de que fueron ellos quienes las lanzaron allá. Yo me
quedo pensando en el día en que la Calle del lodo se levante, despedazando
las imágenes de los santos, ocupando las cocinas ricas. En ese
día hasta hijos ellas podrán tener”.1
La trayectoria de Jorge Amado se tornó una presencia constante
en la vida brasileña, principalmente por la gente popular que habita
el conjunto de su obra como verdaderos “propietarios” de sus
historias.
Al recrear en la ficción el mundo de las calles, de las “
putas y vagabundos”, el autor afianza nuestro pasado histórico
y ayuda a revelar la identidad del pueblo brasileño como una nación
cuya esencia está fundamentada en un matriarcado, donde las mujeres
acaban por definir el rumbo a tomar. Doña Flor, Gabriela y Tieta
son algunos de los innumerables personajes de Amado que, como el Quijote,
“crearan patas” y caminan soberanamente por el imaginario
de muchos otros pueblos.
Todas esas mujeres están representadas en Dora, la niña
pobre; Gabriela, la empleada doméstica que duerme con el patrón;
Doña Flor, la típica ama de casa de clase media, Tieta,
la “puta” muy exitosa y todas las demás “Marías”
de su obra.
Feminista asumido, Jorge es tal vez (al lado de Machado de Assís)
el autor que más visibilidad propició a la mujer.
Desde su primer libro “El País del Carnaval”, publicado
en 1931, Jorge dejó claro su opción por el sufrido pueblo
que habita el conjunto de su obra. Describe el mundo de las calles, urbano
o rural, siempre ayudando a revelar nuestra identidad como nación.
Apesar de ser un libro nítidamente panfletario de sus ideas comunistas,
marcado por el neonaturalismo, la decadencia de la aristocracia rural
y la formación del proletariado, Jorge inaugura con esa obra, la
novela de inspiración popular, volviéndose uno de los baluartes
del llamado “arte comprometido”. Los protagonistas de la novela
caracterizados por el propio autor como “intelectuales”, muestran
los cuestionamientos de Amado con relación a la sociedad baiana
de las décadas de los 20 y 30:
. . . en Bahía, buena ciudad de Todos los Santos y en particular
del Señor del Bonfim, todo el mundo es intelectual. El abogado
es forzozamente escritor, el médico que escribe un trabajo sífilis
pasa a ser llamado de poeta y los jueces dan valiosas opiniones literarias,
sobre las cuales nadie tiene trabajo de discordar. 2
La crítica irónica integra el autor en la lucha por el reconocimiento
de la cultura popular. Para Amado, el verdadero intelectual no es el que
emite opiniones a diestra y siniestra. Según él, el verdadero
intelectual elige su tema y pasa a vivenciarlo. Jorge ha sido coherente
toda la vida con su elección, el mundo de las calles, la cultura
popular:
Yo canto la mulata de los muelles
de San Sebastian de Rio de Janeiro.
La mulata color de canela ( . . . )
Es entre sus muslos saludables
que reposa el futuro de la patria.
De ahí saldrá una raza fuerte,
triste, bruta, indomable,
pero profundamente grande
porque grandemente natural,
es toda sensualidad ( . . . ) 3
Amado se obsesiona por el clima, por la tierra, por la sensual mulata
africana, el sexo y la idea del mestizaje en un encuentro de ideas con
el ensayista Gilberto Freyre. El verdadero Brasil, es el encuentro de
las culturas negra-esclava y portuguesa-europea. Al lado de Freyre, Amado
es uno de los responsables por la descubierta de la verdadera cara del
Brasil, una cara que tiene mucho de mulata y mucho de femenina.
El establecimiento de la dictadura Vargas, en los años 30 lleva
a Jorge a descubrir nuevos caminos en su novelística. Su discurso
panfletario se suaviza y se torna más sutil en la voz de sus personajes,
lo que no quiere decir que con eso haya perdido contundencia. Así
surge en 1937 “Capitanes de la Arena” reflejando su adolescencia
suelta por la ciudad de San Salvador y su contacto con el pueblo baiano.
La historia sería considerada muchos años más tarde
como un vaticinio de lo que sería uno de los problemas más
graves del Brasil contemporáneo, la niñez abandonada, los
niños y niñas de la calle.
La primera edición publicada en 1937, fue aprehendida y los ejemplares
quemados en plaza pública en Salvador, por orden de las autoridades
de la dictadura. Cargada de un belleza, dramaticidad y lirismo pocas veces
igualado en la literatura universal, Jorge se atreve a cuestionar las
autoridades por el abandono de niños y niñas que vivían
organizados en pandillas vagando por las calles y durmiendo en el arenal
o en las ruinas de las bodegas del muelle en el Puerto de Bahía:
Bajo la luna en un viejo trapiche abandonado, los niños duermen.
Antiguamente aquí era mar . . . el agua pasaba por debajo del puente,
bajo la cual muchos niños reposan ahora iluminados por un as amarillo
de luna . . . 4
Durante años exclusivamente poblado por los ratones que roían
las maderas de las puertas monumentales, el trapiche fue la única
opción de hogar para un grupo de niños entre nueve y dieciséis
años que se auto denominaban los “ capitanes de la arena”.
Pedro Bala, que hoy tiene 15 años fue llamado así desde
sus cinco años, hace 10 años vagabundea por las calles de
Bahía. Nunca supo sobre su mamá y lo único que sabía
de su papá es que muriera de un balazo. Había además,
el negrito Barandão, el vanidoso Gato, que a pesar de no tener
aún barba, ya era el mantenido de Dalva, una prestigiosa prostituta.
Todos aprendían alguna cosa con el Profesor, que dibujaba divinamente
y que por la noche les leía a la luz de las velas trozos de un
libro de aventuras que habían robado en una mansión. El
Sin Piernas, feo y cojo, descargaba sus frustraciones encima de Pirulito,
alto y flaquito con una cara seca, amarillenta, ojos hundidos, de boca
grande y poco risueña. En el rincón de Pirulito, había
una cobija vieja y una almohada que robara una vez en un hotel, un pantalón
que vestía los domingos y en la pared clavados con puntillas pequeñas
dos cuadros de santos: un San Antonio cargando el Niño Dios y una
Nuestra Señora de los Dolores, que tenía el pecho clavado
con flechas. Bajo la Virgen había una flor marchita.
La historia de los engaños y desengaños de esos niños,
sería una historia más dentro de la estética de la
miseria, no fuera por la aparición entre ellos de Dora, la hija
de “apestado”.
Después de la perdida de su papá por la viruela, Dora bajó
la loma de la favela de manos dadas con su hermanito que lloraba de dolor
y hambre. Los vecinos que los habían alimentado la noche anterior,
los miraban con susto por la posibilidad de la contaminación del
virus. Dora intentó conseguir trabajo en la casa de una madame,
para quien su mamá había trabajado de lavandera, pero todos
tenían miedo de recibir a la hija de un apestado. Vagando por la
ciudad Dora encuentra a Almiro (uno de los Capitanes de la Arena que tenía
“el corazón más grande que el pecho” ) que la
lleva para el trapiche. Dora enfrenta con valentía la desconfianza
de los otros muchachos, divididos entre el rechazo y la posibilidad de
“carne fresca”. Pedro Bala que la salva de la posible violación
acaba por encantarse con sus cabellos rubios y su piel morena, perfecta
mezcla que era de italiano con mulato. Con el tiempo Dora se vuelve casi
una mamá para los muchachos que aprendieron a respetarla por su
valentía, se convierte en la novia de Pedro Bala y una hermana
para los más chiquitos. Sin embargo, a pesar de la época
Jorge Amado escandaliza la sociedad, porque construye su personaje de
una manera que va más allá del “marianismo”
vigente en la época: Dora no quería ser un peso para nadie
y aprende con los Capitanes de la Arena a robar, mejor incluso que la
mayoría de ellos - era la más ágil, perspicaz y valiente.
Esa fue una de las osadías que la crítica de la época
(1937) y la dictadura no perdonaron a Amado. Le quemaron el libro en plaza
pública.
El poeta sin embargo no se desanimó, siguió haciendo denuncias,
a través de hombres libertarios y mujeres que sólo entendian
la vida y el amor con libertad. Sus personajes femeninos se van aprimorando
cada vez más, hasta que surge en 1958, Gabriela, joven desplazada
por la sequía del Sertón, bella cocinera, que olía
a clavo y tenía la piel color de canela.
Coincidiendo con la entrada en Brasil de los vientos feministas, Amado
no podría dejar de pronunciarse al respecto. Gabriela, que había
llegado a Ilhéus (sur de Bahía), es la suma de todos los
significados de la palabra libertad, la joven es una perfecta mezcla de
instintos primitivos con una cabeza adolescente, que a pesar de la miseria
aún sueña con el príncipe azul. Contratada como cocinera
por el turco Nacib, dueño del Bar Vesúvio, la historia de
Gabriela cuenta las
“Alegrías y tristezas de una hija del pueblo en las calles
de Ilhéus, de la cocina al altar (es decir, altar no hubo debido
a complicaciones religiosas), cuando corría el dinero en abundancia
y la vida se transformaba -con casamientos y descasamientos, suspiros
de amor y rugidos de celos, traiciones políticas y conferencias
literarias, atentados, fugas, periódicos en llama, lucha electoral
y el fin de la soledad, juegos de “capoeiras” y “chef
de cuisine”, calor y fiestas de fin de año, “ trios
de pastorcitas”, y circo ordinario, “kermesse” y buzos,
mujeres desembarcando en cada barco, bandidos disparando los últimos
tiros, grandes cargeros en el puerto y la ley derrotada, con una flor
y una estrella.5
La marca feminista de la obra no está apenas en la construcción
del personaje Gabriela. Amado empieza su historia contando el asesinato
de una mujer, por su esposo, un importante hacendado:
Esta historia de amor - por curiosa coincidencia, como diría doña
Arminda - comenzó el mismo día claro, de sol primaveral,
en que el estanciero Jesuíno Mendonça mató a tiros
de revólver a doña Sinhazinha Guedes Mendonça, su
esposa, exponente de la sociedad local, morena casi gorda, muy dada a
las fiestas de Iglesia, y al doctor Osmundo Pimentel, cirujano-dentista,
llegado a Ilhéus hacía pocos meses, muchacho elegante con
veleidades de poeta. 6
Es importante resaltar que la novela termina con el poderoso hacendado
siendo condenado por la muerte de su mujer. Jorge una vez más estaba
adelante de su tiempo, Gabriela fue escrita en 1958 y solamente veinte
años después un hombre fue, realmente, condenado por la
muerte de su compañera en Brasil. Jorge ya había clamado
desde hace mucho tiempo por justicia y en contra de las absoluciones por
los crímenes practicados por razones de “legítima
defensa del honor”.
Gabriela se quedará en la literatura como una hermosa figura de
mujer, libre, sencilla y espontánea, siempre por encima del bien
y del mal. Con su inigualable lirismo e inspiración poética,
Jorge Amado transmitió al personaje que creó todas las calidades
deliciosas de una mujer típica del pueblo brasilero: amorosidad,
sensualidad sin malicia, alegría envolvente y primitivismo feliz.
El pintoresco romance de amor entre el árabe Nacib y de la mulata
Gabriela, los colocará para siempre en la galería de los
amantes célebres de la Historia.
En 1966 surge Doña Flor y sus Dos Maridos (una edificante historia
de amor):
Esotérica y conmovedora historia vivida por Doña Flor, emérita
profesora de arte culinario y sus dos maridos. El primero apodado Vadinho;
el segundo nombrado Dr. Teodoro Madureira, el farmacéutico, o La
Espantosa Batalla entre el Espíritu y la Materia. Narrada por Jorge
Amado, escribano público establecido en el barrio de Rio Vermelho
en la ciudad de Salvador de Bahía de Todos los Santos, en el vecindario
del Largo de Sant’ ana donde habita Jemanjá, señora
de las aguas. 7
Floripides, más conocida en la ciudad de Bahía como Doña
Flor, comparte su tiempo entre la dirección de su prestigiosa Escuela
de Culinaria Sabor y Arte, muy apreciada por la señoras de la sociedad
y su casamiento con Vadinho, bohemio notorio. Su vida cambia cuando en
un asoleado domingo de carnaval, el sin vergüenza cae muerto en el
medio de la recocha. Viuda a los treinta años, Flor se casa tiempos
después con el apacible y respetable farmaceuta Teodoro Madureira,
en nada parecido con su finado marido. Flor, sin embargo, no logra quitarse
de la cabeza la pasión vivida con el primer marido e inmensa es
su sorpresa cuando, exactamente en la noche de celebración de un
año de matrimonio con el farmaceuta (justo cuando se encontraba
arreglando el desorden de la fiesta y cerrando las ventanas), el incorregible
Vadinho vuelve del lado de allá para atormentarle el juicio como
siempre lo hiciera en vida.
El alma de Flor se ve entonces expuesta a una cruel batalla entre el espíritu
y la materia. A pesar de creer que sus encuentros con el fantasma de Vadinho
no eran correctos, él la convence de que sí, estaba bien,
al fin y al cabo él era el primer marido y tenía sus derechos
. . .
Los años sesenta en el Brasil fueron la década en que las
brasileras se ven confrontadas por la nueva moral sexual surgida de la
liberación que representó el advenimiento de las píldoras
anticonceptivas. A partir de esa época podían elegir o no
tener relaciones sexuales. Ese proceso de apropiación del propio
cuerpo permitió tambien a la mujer la posibilidad de encarar el
placer como una posibilidad perfectamente posible para todas. El placer
estaba en el centro de todas las discusiones y Jorge Amado no se quedó
atrás. Flor eligió quedarse con los dos maridos: 8
Del brazo del marido sonreía mansamente Doña Flor: ¡ah!
Esa manía de vadinho de ir por la calle tocándole los pechos
y las caderas, revoloteando en torno a ella como si fuese la brisa de
la mañana, de esa limpia mañana de domingo, en que Doña
Flor va de paseo, feliz de la vida, satisfecha con sus dos maridos.
Con ese párrafo Jorge da por terminada la historia de Flor, “narrada
con todos sus pormenores y con todos sus misterios, clara y obscura como
la vida”. Créalo quien quisiere, porque en Bahía,
estas y otras cosas mágicas, suceden sin que nadie se asombre.
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La osadía de Jorge fue más allá de lo esperado y
en 1972 publica “Teresa Batista Cansada de Guerra” en la cual
eleva a la categoría de heroína a Teresa una prostituta
madura, que lucía un diente de oro en su bella sonrisa fruto de
una pelea a puñetazos en que se metiera una noche en su burdel.
Peleó con tanta bravura que el dentista, que era su cliente resolvió
regalarle el diente de oro para que jamás se le olvidara a la gente
tamaña valentía. El éxito fue tanto que en 1977 surge
“Tieta do Agreste” quien no solamente es “puta”
como Teresa, sino también, una exitosa “empresaria sexual”
que se casó con uno de sus clientes favoritos, un riquísimo
industrial, el señor Comendador Cantarelli . 10
Amado realiza con Tieta uno de sus personajes femeninos más memorables.
Mujer de carácter fuerte, forjado por la experiencia del sufrimiento,
Tieta vuelve a su tierra natal, Sant’Ana do Agreste, interior de
Bahía, después de veinticinco años vividos en São
Paulo, con el difícil negocio de la vida fácil. Con la muerte
del marido Tieta resuelve descansar volviendo a su tierra, cercada de
riqueza y poder en contraste con su partida, cuando fue expulsada de casa
por su papá, por haberse entregado a su novio. El regreso de la
viuda que se supone debería estar de luto, es triunfal, todo el
pueblo la aguardaba en la plaza:
Alta, fornida de carnes, la larga cabellera rubia sobrando del turbante
rojo. Rojo, sí, rojo igual a la blusa sport, de franela, sencilla
y elegante, marcando la firmeza de los senos voluminosos de los cuales
se ve una apreciable muestra, a través del cuello de botones abiertos.
Los jeans Lee azules pegados a los muslos y a la cola, valorizando volúmenes
y reentrancias, ¡que volúmenes!, ¡que reentrancias!
¡los pies calzados con finos mocazines abanos!. El único
detalle oscuro en todo el atuendo de la viuda, son las gafas oscuras,
lentes y marcos cuadrados, super elegantes, firmados por Cristhian Dior.
11
La presencia de Tieta en el pueblo deja marcas profundas en el desarrollo
del mismo. Su llegada trae la luz eléctrica (que ella logra gracias
a la intervención de un senador, amigo del alma de su fallecido
marido) y evita la instalación de una fábrica de químicos
que arrasaría con ese paraíso terrenal que es la playa de
Mangue-Seco. Jorge trabaja con maestría el poder que llega a tener
una prostituta dentro de las manipulaciones políticas, además
de hacer una fuerte crítica a la noción de progreso, que
no siempre tiene en cuenta la degradación del medio ambiente. Erotismo,
sátira a las relaciones familiares tradicionales y a la debilidad
moral del ser humano, es el eje central de esa mujer que abomina la hipocresía
y la doble moral.
Tieta representó la consagración absoluta de Jorge como
el escritor “de putas y vagabundos”. El título que
llegó al conocimiento público como un intento de menospreciar
su trabajo, fue utilizado por Jorge en un magnífico proceso de
articulación doble del discurso “de la oposición”,
como un honor del cual jamás abriría mano. Se nombraba a
sí mismo, como apenas “un baiano romántico y sensual”;
a la crítica que lo apabulló con las peores opiniones, respondió
con una obra ya consagrada como una de las más importantes de la
literatura occidental.
Las mujeres, principalmente las mujeres del pueblo, las desposeídas,
las desesperanzadas, tienen una gran deuda de gratitud a ese hombre, un
feminista no sólo en el discurso, sino también en la manera
de tratar a todas que encontraba en cada calle y en cada esquina de San
Salvador de Bahía, y de quienes recogía amorosamente las
historias de tan sufridas vidas. Amado fue pionero en el cambio de discursos
sobre el femenino y la voz femenina en un país que hoy por hoy
reconoce a las mujeres como parte esencial de su ethos fundacional.
Notas
1. AMADO, Jorge, Cacau, Ariel Editora: Rio de Janeiro,
1933, pág. 131.ada calle y en cada esquina de San Salvador 2. AMADO,
Jorge, O País do Carnaval , Schmidt Editor: Rio de Janeiro, 1931,
pág. 18
3. Poema de la Mulata Desconocida escrito por Rigger, intelectual bohemio,
personaje de “O País do Carnaval”.
4. AMADO, Jorge, Capitães da Areia, editora Record: Rio de Janeiro,
2001, pág. 19-20.
5. AMADO, Jorge, Gabriela, Clavo y Canela, edit. Losada S.A: Buenos Aires,
1995, pág. 179.
6. AMADO, Jorge, Ibid, pág. 9.
7. AMADO, Jorge, Dona Flor e Seus Dois Maridos, editora Record: Rio de
Janeiro, 5a. Edição, 2001, pág.VII.
8. AMADO, Jorge, Ibid, pág. 448.
9. AMADO, Jorge, Ibid.
10. Nota de la autora: Comendador: orden honorífica equivalente
a Lord.
11. AMADO, Jorge, Tieta do Agreste, Ed. Record: Rio de Janeiro, 1997,
pág. 80-81
Bibliografía
Amado, Jorge. Cacau. Rio de Janeiro: Ariel Editora, 1933.
- - - O País do Carnaval. Rio de Janeiro: Schmidt Editor, 1931.
- - - Capitães da Areia. Rio de Janeiro: Ed. Record, 2001.
- - - Gabriela, Clavo y Canela. Buenos Aires: Ed. Losada S.A, 1995.
- - - Dona Flor e Seus Dois Maridos. 5a. Edição. Rio de
Janeiro: Ed. Record, 2001.
- - - Tieta do Agreste. Rio de Janeiro: Ed. Record, 1997.
Benício dos Santos, Itazil. Jorge Amado Retrato Incompleto. Rio
de Janeiro: Ed. Record, 1993.
Bosi, Alfredo. Historia Consiza da Literatura Brasileira. México:
F. C. E., 1982.
Chalhoub, de Miranda Pereira. A Historia Contada. Capitulos da História
Social da Literatura no Brasil. Rio de Janeiro: Edit. Nova Fronteira,
1998.
Del Priore, Mary, Bassanezi, Carla. Historia das Mulheres no Brasil. São
Paulo: Ed. Contexto, 1997.
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