SCOTT
A. SANBORN
tiene un MFA en escultura en Indiana University y ha presentado trabajos
en EUA, el Caribe y Europa. En la actualidad tiene un PhD en progreso
en Español y otro en Literatura Comparada con concentración
minoritaria en estudios africanos. Próximamente participará
en la 2da Conferencia Anual sobre Literatura Caribeña en Bermuda.
Elementos del barroco español en Muerte
sin fin de José Gorostiza
PEDRO SALINAS propone que la cosa fundamental para empezar
una discusión de un poeta es la de entender “the relation[ship]
between his poetic world and the real world, the contact between external
reality and his own inner, spiritual reality” (3). El deseo de entender
el mundo del poeta como un vaivén de un mundo externo y real y
un mundo interior y ficticio encaja este estudio que aquí destaco.
Una pregunta muy simple conmueve este trabajo, en las palabras de Dámaso
Alonso, “¿Qué motivos llevan a los escritores del
año 1900 a volver sus ojos hacia Góngora” (536)? O
sea que, en el caso de José Gorostiza, ¿por qué busca
en el periodo barroco fuentes estilísticas, temáticas y
filosóficas?
En la obra Muerte sin fin (1934) de José Gorostiza hay un eco fuerte
del Siglo de Oro. Será el propósito de este trabajo identificar
los rasgos intertextuales venidos de obras barrocas, subrayar algunos
de los recursos literarios barrocos que aparecen en Muerte sin fin (Msf),
aclarar los fines filosóficos en común entre Msf y algunas
obras barrocas, y finalmente sugerir un final apócrifo de la obra
de Gorostiza. Haré este estudio de la siguiente manera: primero
introduzco la obra de Gorostiza con algunos comentarios acerca de su generación
y la temporada en la cual escribe Msf, segundo hablo de Msf como ente
poético, tercero destaco algunos de los usos de temas y lenguaje
derivados del estilo barroco, y, al final, hago explícitas tres
referencias--o estilísticas o temáticas--de obras conocidas
del barroco. Al final de este estudio sugiero una nueva manera de acercarse
al estudio de Muerte sin fin para posibilitar una respuesta al pesimismo
latente en la crítica de este poema. Como los críticos y
el autor mismo han señalado la influencia de Lope de Vega y el
período barroco en Gorostiza, será interesante investigar
algunas semejanzas entre los recursos estilísticos empleados y
los temas en Muerte sin fin y los temas y estilos de algunos autores del
Siglo de Oro (Debicki 113-114, Gorostiza 14).
En la introducción a la edición de Muerte sin fin de 1964,
Gorostiza se
sitúa a sí mismo como heredero de una larga tradición
del mundo viejo y un ciudadano del mundo nuevo cuando dice que “el
modo en que se trasegó la poesía española al vaso
indígena, en pleno siglo XVI, parece haber imprimido para siempre
en nuestra literatura el sello inconfundible de la herencia clásica”
(14). Esta cita nos expone algo importante: el estilo “clásico”
del Siglo de Oro como referencia para los poetas del nuevo mundo que vienen
después. Si pensamos en el período barroco español
con todas sus preocupaciones concomitantes, sobresalen un estilo métrico
estricto (el soneto y otras formas de versos cultos o los cambios en la
versificación de una comedia, que indican un cambio de situación
o actitud), el libre albedrío (posición del ser humano frente
a Dios o la justicia poética), el honor (como individuo, miembro
de una sociedad, o en el qué dirán), Dios (personificado
en el rey o la pelea contrarreformista), los fuertes cambios del medio
ambiente y la actitud física (manifestaciones exteriores de una
lucha interior), los recursos metateatrales (apartes, ritos, danzas, canciones,
entre otros), la filosofía neoplatónica (búsqueda
de un amor puro), las oposiciones binarias (claroscuro, oximorones, contrastes)
y otros tantos. Esos temas o recursos aparecen en Msf en varias ocasiones
y serán estudiados en este trabajo.
Hay tantas definiciones del barroco como hay obras barrocas. En este estudio
empleo algunas observaciones de Frank J. Warnke sobre el barroco. Él
dice que no hay una definición del barroco pero que será
más útil pensar en ello como un período, y que: “A
literary period is, rather, a time span in which underlying shared spiritual
preoccupations find expression in a variety of stylistic and thematic
emphases” (9). Entonces me valdré de los rasgos susodichos
arriba para definir lo que hace una obra barroca. En cuanto al período
barroco como etapa histórica, Warnke dice que:
The seventeenth century was conspicuously an age of controversy, warfare,
and disorder; it was, above all, an age in which a new scientific and
rationalistic world-view progressively ousted the old religious and symbolic
world view which had conditioned European thought and art since the Middle
Ages. (16)
El período en el cual Gorostiza escribe es bastante similar al
barroco: la revolución en Rusia, la Primera y la Segunda Guerra
Mundial, la revolución en España, una crisis en la religión
manifestada en el crecimiento del existencialismo, cambios radicales en
la tecnología y un desorden ocasionado por las rupturas políticas
en su propio país. Hay un eco fuerte entre las situaciones del
período barroco señalado por Warnke y el mundo actual de
Gorostiza cuando escribió Muerte sin fin. En parte esto consta
una respuesta a la pregunta de Alonso: la actitud del hombre frente a
un mundo en transición causa sentidos semejantes que son representados
por una especie de intertextualidad o nexos históricos. La realidad
de los vanguardistas en Latinoamérica es expresada a través
de referencias a un período histórico en el cual una realidad
semejante existía.
Andrew P. Debicki en su trabajo Antología de la poesía mexicana
moderna dice que la obra de Gorostiza se destaca por “la preocupación
con el tiempo y la muerte, así como el deseo de sobreponérseles”
(21). Al propósito de los vanguardistas, dice Debicki que en cuanto
al desarrollo cronológico de este grupo, podremos notar ciertos
cambios que ocurren en sus obras a partir de 1930 . . . aumenta el enfoque
en la realidad moderna (y no en paisajes intemporales); los asuntos filosóficos
se hacen más aparentes, a menudo en relación con actitudes
pesimistas . . . al mismo tiempo aumenta el uso de imágenes irracionales
y de metáforas continuadas, aparecen más poemas largos,
. . . se notan menos efectos verbales chocantes. Todo esto sugiere una
doble profundización, temática e imaginativa; también
indica un énfasis menor en la creación de nuevas formas
. . . (21)
Gorostiza usa la metáfora de un juego de ajedrez para decir que
las formas poéticas con sus reglas estrictas, como las formas empleadas
por Lope y Góngora, no restringen sino que le dan la oportunidad
al poeta de luchar con/contra la palabra -- el enemigo/dios del poeta.
También esta metáfora muy barroca nos refiere a la ideología
contrarreformista dentro de la cual todo el mundo tenía un lugar
predeterminado en la vida, como las piezas en un juego de ajedrez. Al
final del juego de ajedrez todas las piezas van en el mismo saco como
al final de la vida la muerte iguala a todos (Debicki 108). Es decir,
todos los reyes, emperadores u otros potentados son juzgados al final
como el hombre común; sin importar lo que éramos en la vida,
después de la muerte (o el juego de ajedrez) cuando regresamos
a fundirnos en Dios, seremos todos iguales.
La forma de Msf es verso libre con diez secciones. Hay dos partes que
sobresalen por sus formas clásicas (en redondillas, cuartetos o
cantaras): las partes cinco y diez. Beatriz Garza Cuaron esquematiza la
obra en dos partes grandes con referencia al Génesis y el Apocalipsis
(1131). Desarrolla los dos partes de esta manera:
La primera, que es donde se explica que la unión de la forma y
la sustancia constituye el dilema de la existencia, se construye, . .
. “a través de un discurso progresivo que alude a la creación
del mundo, y por lo tanto, al Génesis. La segunda parte, que expresa
la destrucción y el fracaso de la unión forma-sustancia,
se construye por medio de un discurso regresivo que, . . . hacer recordar
el Apocalipsis” (1131).
Ella dice que en Gorostiza las “alegorías, en vez de pintar
para volver más claro el objeto, se proponen casi lo contrario:
presentar el término de la alegoría, lo pintado, como misterioso
e inmaterial” (1131). Como comenta, por ejemplo, C. Colin Smith
sobre el Polifemo de Luis de Góngora, “it does no good to
pretend . . . that [Góngora] has become . . . an easy or a straightforward
poet who ought to be accessible to any educated reader” (217). La
obra de Gorostiza, como la de Góngora, es rica en imágenes
y difícil de entender pero como el propósito aquí
es el de vincularla con una tradición de las obras influidas por
el barroco, no entraré en un discurso más a fondo del poema.
Es suficiente decir, como señaló Salinas en cuanto a todo
poeta, lo que Manuel Mejía Valera ve como el propósito de
Gorostiza: “Sus intenciones últimas, además, a despecho
de una apariencia estrictamente estética y quizá a pesar
suyo, apuntan a la elaboración teorética, a maneras de ver
y formular el Universo y la existencia” (103).
En la trayectoria del poema una relación entre el hombre y Dios,
o sea la materia y la forma, está encajada en la imagen de un vaso
de agua. El hombre se siente “ahogado” por “un dios
inasible” y se queda sufriendo hasta que encuentre su propia imagen
reflejada en el agua (2). El hombre está en desacuerdo con su ser
hasta que se ve reflejado en un espejo—o sea Dios, su otro ser.
Como en el estilo neoplatónico de La dama boba de Lope de Vega,
éste es el momento culminante en el cual al encontrar ‘el
otro’ en un espejo el hombre se salva de una vida perdida o errónea.
En la comedia de Lope, Finea es boba de nacer pero al momento en que ve
a su amante en el espejo, en vez de verse a sí misma, se vuelve
en otra: “estoy mirando en agua la imagen de él./ ¿No
has visto de qué manera/ muestra el espejo a quien mira/ su rostro,
que una mentira /le hace forma verdadera?/ Pues lo mismo en vidrio miro/
que el cristal me representa” (1556-1562). “El otro”
es siempre un amor puro que sirve de maestro, compañero—la
otra mitad aristotélica perdida o añorada. Esta interpretación
queda apoyada por tres recursos sumamente barrocos que aparecen en Msf
inmediatamente después: primero, los mitos griegos—especialmente
el de Ícaro, que quería acercarse al sol para liberarse
de esta tierra (6), segundo, la paradoja – el elemento que requiere
que el hombre elija o busque información para entenderse (20) y
tercero, el uso de cuatro elementos para describir el mundo corporal con
referencia a un poder sobrenatural—nube, mar, cúmulo, y espuma
(16-19). En medio de todo este barroquismo viene la imagen que resultará
ser la más fuerte de la obra: “constreñida/ por el
rigor del vaso que la aclara,/ el agua toma forma” (29).
Después de emplear estas imágenes, el autor usa cuatro verbos
para describir la actitud del agua en el vaso: se asienta, ahonda, edifica,
y cumple. A lo largo de la obra, el uso de verbos que representan la posición
del hombre en relación con Dios facilita un sentimiento de construcción,
de fabricación y de cumplimiento. Vemos aquí una imagen
de Dios construida y completada por el hombre. El vaso representa al hombre
como un vasallo imperfecto que no puede contener al agua, o sea a Dios.
El agua en todo el poema tiene la libertad de irse y de realizarse en
diferentes entes. El hombre, o sea el vaso, no tiene esta libertad. La
libertad, como el libre albedrío en el Siglo de Oro, era ilusoria
porque la justicia poética venía al final para juzgar las
acciones del hombre (Parker 35). Como prototipo del barroco Don Juan,
quien aparece en la línea 474 de Msf, una persona puede creer que
hay tiempo y espacio para arrepentirse de las acciones malvadas en la
vida pero no siempre es la verdad. Al final el destino—de ser vaso
o no, de tener tiempo de arrepentirse—no queda en las manos del
hombre. Como dice Gorostiza es un “agua tan agua” (35); es
decir, no se puede definir ni capturar a Dios; es lo que es. La idea de
cumplir, de dar forma a Dios, es muy importante aquí. El hombre
es el que le da forma a Dios con la teología, los ritos, los mitos
y, más importante, la inteligencia agitada (Paz 29).
Interesante también es la yuxtaposición de una descripción
del paraíso, el lugar del nexo original entre Dios y el hombre
pero también el momento de separación (manzana), con la
reintegración del hombre con Dios (el momento justo) (463-467).
Al acercarnos más vemos que hay una comparación más
amplia en los versos donde aparece el arquetipo barroco Don Juan. El poeta
sitúa el verbo “engendrar” entre dos imágenes:
la manzana como referencia al pecado original o acto sexual original y
Don Juan, que aparece como tema de la fecundidad del hombre desenfrenado--la
disonancia social y la ausencia de un sistema moral en el hombre moderno.
La manzana de la caída en el paraíso es comparada con las
inclinaciones de Don Juan, hombre caído--el pecado original queda
contrastado con el pecado contemporáneo, ambos pecados del egoísmo
(Debicki 108). El momento justo sólo se puede engendrar de la falta
de egoísmo por parte del hombre y de Dios–uno le da forma
al otro en cambio de propósito filosófico—como el
reflejo del hombre en el agua al principio de la obra, sólo puede
haber un intercambio entre el hombre y Dios o el egoísmo del uno
o el otro resultará en la nada para ambos. Es una relación
simbiótica.
En otra muestra del temario barroco en Msf, Mordecai S. Rubín elabora
un sistema de simetrías entre los recursos poéticos de Luis
de Góngora y Gorostiza, sobre todo en “Las soledades”
de Góngora (198-204). Yo veo más posible varias correspondencias
temáticas entre Msf y La fábula de Polifemo y Galatea de
Góngora. Sin entrar en una discusión de todos los temas
centrales en el Polifemo, hay una imagen culminante en ambas obras--la
sangre/el agua que está trasmutado. Smith nos dice que en el Polifemo
la sangre “becomes water, . . . [Acis’s] whole substance becomes
a stream, which nourishes the roots of trees that stand in it, touches
the flowers as it passes and silvers the sand over which it finally flows
into the sea . . .” (226). Esta misma relación surge en la
quinta parte de Msf pero aquí hay un sentido de tortura—Dios,
el agua, no puede sentir o realmente ser parte de los entes que toca.
En la quinta parte del poema Msf hay un cambio de tono cuando el autor
emplea estribillos y otras formas de cantares. Hay tres grupos de tres
estribillos seguidos por un tipo de refrán de dos versos. Al final
hay un “baile” de cuatro versos heptasilábicos. Se
establece en cada grupo de tres estribillos una relación entre,
por un lado la naturaleza y los sentidos corporales, y por otro lado el
agua. En cada relación el agua no tiene el poder de hacer o sentir
lo que hace o siente la parte de la naturaleza alabada. Las tres partes
de la naturaleza son: las flores con su olor, el árbol con su “tez
de tierra” y “frutos de ámbar” (317-318) y la
tierra donde caen las frutas y que por eso “sabe [de] la muerte”
(338). Estas tres cosas corresponden con el Polifemo en cuanto a cuando
Polifemo mata a Acis, su sangre pasa por “los pies de los árboles
. . . [las] flores y . . . [las] arenas” (63). Mas la sangre corre
por las venas del árbol, lame las flores y pinta las arenas de
argento. Reacciona en cada caso con las cosas de la naturaleza formando
una unión sensual o praxis como el vaso y el agua de Msf. Acis,
quien muere por amor y es transubstanciado en el agua en el Polimefo,
es personificado en Msf por el amor (la palabra) que muere ahogado en
el agua. Los dos acciones no son pesimistas sino creativas. Como en el
poema “Épodo” de Gorostiza donde dice “traza
en muros de cristal amores de agua,” hay una mezcla de lo líquido
con lo sólido, lo intangible con lo tangible, lo inefable con lo
concreto, la poesía con la teología, Dios con el hombre—y
es en esta yuxtaposición, de vez en cuando, que la muerte admite
una renovación.
Es un acto de ir metafóricamente hacia un mar, no como Manrique
hacia un final bordador, sino como Ovidio hacia una vida eterna que “abound[s]
with life . . .” donde será “received back into . .
. [the sea] as into the pitying arms of a mother . . . insistently triumphant”
(Smith 226). Como en la novena parte de Msf en la cual figura una especie
de de-evolución, hay un paso hacia un final que puede ser interpretado
como un nuevo empezar. La larga trayectoria de Manrique hacia el mar puede
también ser un retorno, un empezar de nuevo donde el sacrificio
no es uno que conlleva consigo una derrota sino, como dice Smith, “a
massive assurance of continuity . . . [for] from it springs life and into
it flows death, and both are vast and unknowable concepts” (226).
Rubín nos dice que “la simetría de construcción
de Muerte sin fin es impresionante” (159). Divide la obra en diez
partes pero en realidad sólo la divide en cuatro; “dos partes
principales correspondientes, con un intermezzo lírico entre las
dos y un vivace con percusión como coda” (159). Hay dos partes
largas que son interrumpidas por dos poemas relativamente cortos con estructuras
más tradicionales y por eso chocantes. Estas dos partes, las de
las versos 302-347 y 728-775, sirven una función al estilo de un
entremés y de un baile barroco. Los temas de las dos partes no
nos interesan aquí tanto como la función estructural en
la obra. A lo largo de la obra varias referencias al estilo barroco han
surgido y no sólo a la poesía del Siglo de Oro sino a la
comedia también. Como Diego Marín explica, la comedia no
era la única parte de la función teatral . . . constituía
un espectáculo continuo que incluía la loa, monólogo
en verso a manera de preámbulo, un entremés después
del primer acto y un baile después del segundo rematándose
todo con la mojiganga como fin de fiesta en forma de baile en que participaban
todos los actores, todavía con los trajes de la comedia pero ya
sin representar sus papeles (27).
En el teatro del Siglo de Oro siempre hay tres partes de una obra y es
en la tercera en que vemos el desenlace y la resolución de la trama.
Aquí no tenemos la tercera parte. Lo que tenemos son dos actos
entre tres con un entremés y un baile. Falta la resolución
de la trama porque Gorostiza no la sabía. En el acto de crear una
de-evolución, Gorostiza ha separado a Dios del hombre. La filosofía
existencialista dice que el hombre está atrapado en este mundo
sin salida y que Dios ya no presta atención. Al final de la obra
nos deja Gorostiza en esta relación con Dios; con el sentido de
que el hombre está atrapado en la forma de un vaso sin el momento
justo o la resolución que es el agua o Dios. La falta de la praxis
llevada a cabo en las partes anteriores causa la disolución de
la relación entre el hombre y Dios.
En resumen, es obvio que los artistas son muy diversos —Lope, Góngora,
Gorostiza— pero el deseo de comentar sobre la filosofía de
sus épocas y de mezclar algo de la visión de adentro con
la percepción del mundo de afuera es semejante. El estilo barroco,
con las emociones en plena vista y los fuertes cambios del lenguaje, es
muy apropiado para una temporada tan confusa como la de Gorostiza. Al
ver la relación entre las formas y el temario del período
barroco y el uso de ello como recurso intertextual en Muerte sin fin,
cabe admitir la posibilidad de una reconcepción de la obra entera.
Como en el Polifemo, una praxis espera al hombre al final de la obra si
lleva a cabo su reunión con Dios. Pero, al vincular la obra de
Gorostiza en el sistema filosófico del siglo veinte, vemos que
la falta de una praxis puede ser atribuida a la perdida de comunicación
o el silencio creado por la cacofonía sin sentido del hombre moderno.
Wittgenstein dijo que la comunicación es un tipo de juego que sólo
podía entender el que vive en este sistema. Es un juego en el cual
las palabras suenan familiares pero sus sentidos son opacos o distorsionados.
Gorostiza dice que “la poesía no es diferente, en esencia,
a un juego de “a escondidas” en que el poeta la descubre y
la denuncia. . .” (7-8) El poeta trata de aclarar, de poner en evidencia,
una filosofía “sin ceder su puesto al filósofo,”
y sin perder la idea que “la poesía existe por su sola virtud.”
(7-8). Como la filosofía de Wittgenstein, quien no creía
que fuese filósofo, hay un momento en lo cual Gorostiza decide
que,
“al penetrar en la palabra; la descompone, la abre como un capullo
a todos los matices de la significación. Bajo el conjuro poético
la palabra se transparenta y deja entrever, más allá de
sus paredes así adelgazadas, ya no lo que dice, sino lo que calla.”
(10)
Wittgenstein, al final de su obra Tractatus Logico-Philosophicus publicado
quince años antes de la obra de Gorostiza, sugiere que “what
we cannot speak about we must pass over in silence” (74) y en una
carta a un amigo añade: “My work consists of two
Parts: the one presented here plus all that I have not written. And it
is precisely this second part that is the important one..." (Tarbox
94). Como Gorostiza cuando Wittgenstein tiene que tratar de decir lo indecible?
lo inefable, él tiene que callarse por no saber qué decir.
Al final de Msf, Gorostiza no sabe qué decir. En el sentido de
un juego en el cual no sabemos las reglas, este tercer actor —que
no tenemos— o período existencialista de una separación
de Dios en la obra tiene que callar por no saber decir lo que no se puede
decir: cómo reinstalar la praxis añorada
____________________________
Obras citadas
Alonso, Dámaso. Estudios y ensayos gongorinos.
Madrid: Gredos, 1970.
Debicki, Andrew P. La Poesía de José Gorostiza.
México: Andrea, 1962.
---. Antología de la poesía Mexicana moderna.
London: Tamesis, 1977.
Garza Cuaron, Beatriz. “Claridad y complejidad en
Muerte sin fin de José Gorostiza.” Pitsburgh:
Revista Iberoamericana 55:148-149 (July-Dec.
1989): 1129-49.
Gorostiza, José. Muerte sin fin y otros poemas.
México: Fondo de Cultura Económica, 1964.
Mejía Valera, Manuel. “Acerca de la elaboración
teorética de la poesía (Muerte sin fin).” Mexico:
Cuadernos Americanos 243:4 (1982): 103-111.
Parker, Alexander A. “El teatro español del siglo de
oro: Método de análisis e interpretación.”
Lope
de Vega; El teatro, Vol 1. Ed. Antonio Sánchez
Romeralo. Madrid: Taurus, 1989.
Paz, Octavio. “Muerte sin fin.” José Gorostiza.
México: Fondo de Cultura Económica, 1974.
Rubín, Mordecai S. Una poética moderna: Muerte
sin fin de José Gorostiza. México: U.N.
Autónoma de México, 1966,
Salinas, Pedro. Reality and the Poet in Spanish
Poetry. Baltimore: Johns Hopkins, 1966.
Smith, C. Colin. “An Approach to Góngora’s
Polifemo.” Bulletin of Hispanic Studies 42
(1965): 217-38.
Tarbox, Everett J. “Wittgenstein and James: A
Bridge to Radical Empiricism.” American
Journal of Theology & Philosophy, Chicago: 13-2
(1992 May) 89-103.
Vega, Lope de. La dama boba. Ed. Diego Marín,
Madrid: Cátedra, 1997.
Warnke, Frank J. Versions of Baroque: European
Literature in the Seventeenth Century. New
Haven: Yale UP, 1972.
Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-
Philosophicus. London & New York: Routledge,
1995.
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