HYBRIDO ARTE Y LITERATURA |
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... pero la quiso M i padre era la persona más impredecible que yo haya conocido, nunca se sabía cuando iba a reaccionar de una manera inesperada para todos nosotros. Lo único de lo que sí estábamos seguros era de su sentido de responsabilidad. La palabra empeñada era su gran preocupación, decía que para él no había documento jurídico que valiera si ya él había dado su palabra. Y eso fue siempre verdad; nunca supe de algún incumplimiento de su parte. Siendo muy joven estuvo en la guerra de Corea, esta experiencia indudablemente marcó su vida, haciendo de él un hombre desconfiado; tenía un manera muy especial de vivir su vida, de acuerdo a lo que él entendía por vivirla, que no era otra cosa que trabajar mucho, acostarse muy temprano para escuchar las noticias en cama, cantar bambucos y guabinas, y los domingos ir al estadio a ver a su equipo de fútbol favorito. Toda la vida luchó por controlar su temperamento impulsivo, que siempre le causó muchos problemas; pero nunca lo logró. Nunca tuvo una buena relación con mi madre, quien era todo lo contrario a él. Con el tiempo he aprendido a entender el gran sacrificio que ella hizo, al tratar de mantener un hogar a pesar del temperamento de mi padre. No fue consecuencias que esto trajo para mi espíritu y desarrollo de mi personalidad. Tenía yo 14 años cuando esta relación se convirtió en una pesadilla, para ese tiempo yo no lograba entender que dos seres a quienes yo quería tanto y que tenían tantos valores, pudieran sacar lo peor de sus propias personalidades para herirse uno al otro. Ese hombre que era mi ídolo, que tenía
esa gran disciplina militar, y que representaba la estabilidad; de repente
no vivía más con nosotras. Fui testigo de la metamorfosis
que se registró en mi madre; de la noche a la mañana tuvo
que hacer de padre y madre al mismo tiempo. La manera de ser de mi padre
no le permitió manejar la separaron de una manera más civilizada,
y estando consciente de las necesidades económicas a las que ella
tenía que enfrentarse, utilizó esta arma para hacerle la
vida imposible. Los dos se fueron convirtiendo en seres desconocidos para
mí. Nunca supe de donde sacaban ambos tanta imaginación
para herirse mutuamente. A medida que fui creciendo, los mutuos ataques entre mis padres fueron aminorando en cantidad, pero no en calidad. Llegó el momento en que mi relación con mi padre, sufrió una ruptura cuando tuve que enfrentarme a él para evitar que siguiera mortificándonos. Ese hombre que en mi niñez fue lo más sagrado, de repente se convirtió en la persona que más me hacía sufrir, nada de lo que yo hacía era bueno, porque estaba auspiciado por mi madre. Se daba el lujo de llegar a nuestra casa a criticar hasta la manera en que la teníamos decorada y la comida que comíamos; la ropa que yo usaba no era ni bonita, ni apropiada porque la hacía comprado mi madre. Todo era motivo de crítica. De esta manera nos fuimos alejando, los niveles de comunicación entre mi padre y yo llegaron al mínimo, hubo épocas muy prolongadas en las cuales yo no sabía como estaba él, pero él tampoco preguntaba por mí. De esta manera yo me fui haciendo adulta viendo los sacrificios de mi madre para sacarme adelante. Hizo todos los sacrificios posibles para pagarme la universidad, y cuando veía que yo estaba a punto de desfallecer me estimulaba con el argumento de demostrarle a mi padre de que las dos solitas podíamos triunfar. Con el título en la mano, podríamos decirle que su ayuda no fue necesaria. Efectivamente así sucedió. No olvidaré la cara de satisfacción de mi madre el día de mi graduación. Cuando vio aparecer a mi padre, pidió que nos tomaran una fotografía a los tres, creo que quería conservar en forma muy especial el recuerdo de ese momento. Estaba contenta por mí, por el título recibido y porque además, le pudo demostrar a mi padre que lo habíamos logrado. Mi madre comenzó a deteriorarse, su salud se fue acabando cuando yo comenzaba a recibir los primeros frutos de mi buena educación; por razones políticas tuve que viajar al extranjero y dejar a mi madre sola; fue una decisión terrible, pero ella misma me estimuló a que viajara, con la esperanza de llevarla a vivir conmigo en corto tiempo. --No debes dejar que tu amor por mí, impida que busques nuevos horizontes. Como sea yo ya estoy vieja y lo único que le pido a la vida es que logres tus metas, dijo como consejo. Fue un consejo típico de una persona que amaba mucho y no sabía de egoísmos. En ese momento estaba renunciando a todo por lo que había luchado. Sabía muy bien que iba a quedarse sola por completo y que además estaba vieja y enferma, pero puso por delante mi bienestar. Aún la recuerdo en el aeropuerto con un pañuelo blanco en la mano despidiéndome. Fue la última vez que vi a mi madre con vida. Pocos meses después y cuando yo empezaba a estabilizarme en mi nueva vida en el extranjero le dio un infarto y murió. Regresar a mi país al entierro de mi madre ha sido una de las experiencias más dolorosas que yo haya podido vivir. Decirle adiós para siempre a quien estuvo conmigo, en las buenas y en las malas, a quien no utilizó su posición de madre enferma y vieja para impedir que yo lograra mis metas, fue algo muy triste. En los funerales de mi madre, vi a mi padre por primera vez después de 15 años. Yo esperé encontrarlo arrepentido por todo lo que nos había hecho sufrir, pero al contrario, se mantuvo en su posición desafiante, culpando a mi madre de todo. Sus cabellos blancos hacían un gran contraste con la profundidad de sus ojos negros, Con gran sorpresa note que la vida no había hecho cambiar a mi padre un ápice; se veía viejo y cansado, pero su personalidad era la misma que destruyó el amor que mi madre sentía por él y que nos alejó por tantos años. Comprendí¬ que él veí¬a a mi madre como un obstáculo para lograr que yo lo quisiera tanto como a ella. Terminé por admirar ese temple, y esa gallardía. Estuve en mi país por una semana en la cual tuvimos oportunidad de hablar mucho; la comunicación que se había roto por tantos años floreció, era como si las flores que adornaban ahora la tumba de mi madre, rindieran un doble propósito. Nos dijimos todo lo que por tantos años tuvimos guardado. Estuvo 15 años esperando a que yo me le acercara, mientras yo estuve el mismo período de tiempo esperando que él lo hiciera. El consideraba que era mi deber como hija, y yo consideraba que éste era su deber como padre. Nos pedimos perdón y yo regresé al extranjero nuevamente., sin perder esta vez la comunicación con él. Desde ese momento nuestra comunicación fue permanente. Siempre lo llamaba el primer domingo de cada mes y el me enviaba fotografías y postales de mi ciudad, que tanto extrañaba. Seis años después mi padre murió
de repente, un infarto le quitó la vida. De nuevo viaje a mi país
por una calamidad doméstica; para darle la última despedida
a mi padre y de paso visitar la tumba de mi madre, con la sorpresa de
encontrarme con una de las tumbas más lindas del cementerio. Flores
rojas y amarillas, distribuidas con gran sentido de estética llamaron
mucho mi atención. No encontraba explicación lógica
para tanto cuidado en esa tumba en particular, por eso llamé a
la persona encargada del cuidado del cementerio. Ante mi pregunta, contestó
de la siguiente manera:
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