MARIO A. POZADA-BURGA
es natural de Chongoyape, PERU. Ejerce la docencia en Nueva York y es
candidato doctoral en el Graduate Student University Center (CUNY).
Historia de amor
1. El
"´¡MAÑANA! ¡Sí!
¡Mañana se lo diré, sin falta!"
Cuántas veces me había yo hecho este propósito. Cuántas
veces, en la intimidad de mis pensamientos y deseos me hice la firme promesa
de decírselo de una vez. Cuántas veces decidí, por
fin, hablarle de todo el afecto que me inspiraba, de todas las sensaciones
y emociones que su sola presencia despertaba en mí. Sin embargo,
ese mismo número de veces ahogué tan largamente abrigado
deseo, puerta de apertura a una dicha que ya vislumbraba segura. Nunca
pude explicarme qué era lo que finalmente me detenía en
el último paso al comienzo de mi felicidad. Gran Dios, ¿qué
me detenía? ¿Qué era lo que impedía que le
descubriera mi secreto en la más tierna confesión de amor
que nunca, nadie antes le hubiera dicho? ¿Qué me acobardaba
en el momento más decisivo de mi vida? ¿Era la inseguridad
de ser aceptado, o el temor a que se riera de mis palabras por considerarlas
vana cursilería de novela barata? Nunca hubo en mi atormentado
espíritu tanta inquietud y tanta zozobra; jamás enfrenté
tantas interrogantes a una situación que ya se torna desesperante
porque me consumo de amor mientras que ella lo ignora y sigue su vida
viviendo día por día; acaso, esperando al príncipe
que le hable de amor y felicidad sin querer darse cuenta que aquí,
junto a ella, a sólo unos pasos, está su verdadera dicha;
que aquí, al alcance de su respuesta está, no el príncipe,
pero sí el hombre que habrá de quererla más que ese
ilusorio representante azul de sueños juveniles.
Pero ese mañana ya está aquí. Hoy, sí, hoy
le abriré mi corazón y le ofreceré mi vida. Hoy le
hablaré de mi pasión y de mi esperanza, hoy sabrá
de mis inquietudes y mis deseos. Lo haré esta tarde, a la salida
del trabajo, en nuestra ruta a la estación del autobús .
Ella no sospecha que no será un paseo como el de todos los días
al final de la labor diaria, sino el que marque el inicio de una nueva
vida, juntos de hoy en adelante ya no sólo a la estación
sino por la vida, en un destino común y final rumbo a un mañana
que habrá de eternizarse en nuestra unión.
**********
Ya vamos en camino a la estación. Es corta la distancia así
que tengo que darme prisa en declararle mi amor... pero, ¿qué
hace toda esa gente escuchando a esos charlatanes? Ya lo sé. Prestándose
voluntariamente a dejarse quitar las pocas
monedas que tengan en los bolsillos para engrosar los de esos vivales,
tan vagos y enemigos del trabajo como ese otro ocioso que ahora viene
a nuestro encuentro, fingiendo una cara de hambre, para conseguir un par
de pesos. ¡Ja! ¡bueno estaría yo! levantarme a las
6 de la mañana para ir a ganármelos y que él se levante
a las 10 para pedírmelos. ¡No, señor! Además,
mi propósito es otro. Debo hablar de mis sentimientos y aquí
voy... ¡Hola! ¿Y ese chirriar de gomas en el pavimento? Locos
del volante apurados en correr aceleradamente sólo para detenerse
en el semáforo de la siguiente esquina, tan al tiempo como aquéllos
que van sin prisa alguna. ¿No es una estupidez? Sí, como
esta mía de perderme en vericuetos de filosofías absurdas
que sólo retardan el momento de confesarle mi cariño. Lo
haré tan pronto ella deje de mirar esos vestidos que, la verdad,
me parecen bonitos y muy de la estación... ¡Hey! podría
aprovechar este momento diciéndole lo bien que se vería
con ellos, cuánto realzarían su belleza y cómo destacarían
su figura haciéndola más hermosa y deseable a mis ojos...
sí... sería un buen comienzo... Caramba con este maletín,
¿no se está poniendo cada vez más pesado? ¿Cree,
acaso, que va a distraer mi atención y mi voluntad, como intenta
hacerlo la piedrita que llevo metida en el zapato desde que dejé
la oficina? Pues verán que no. Ahora empiezo. ¡Sí,
señor!... Un momento. Ella está mirando esa vidriera tan
llena de calzado fino. Todos los artículos son de buena factura
aunque un poquito caros a mi entender y yo... pero no, que no me distraigan,
que nada detenga la primera palabra de amor, perla inicial en el collar
desatado de mis palabras saliendo presurosas a cantarle el himno amoroso
que tengo para ella. Sí, tan pronto deje de mirar el muestrario
yo entraré en acción para... ¡no!... ¡no puede
ser!... ya hemos llegado a la estación y, confabulándose
con mi mala suerte, ya el bus se aproxima a su parada. Otro día
más que se va sin haberle dicho mi canción de amor, sin
que sepa de toda la devoción y ternura que guardo para ella; ahora
que estaba más decidido que nunca a hacerlo... ¡Ah! pero
no ha de pasar de mañana...
¡Mañana, sí! ¡Mañana se lo diré,
sin falta!
2. Ella
"¡Mañana! ¡Sí! ¡Mañana
me lo dirá! Mañana me lo dirá y seré la mujer
más dichosa de la tierra".
Cuántas veces había esperado yo ese momento. Cuántas
veces, en el absurdo aislamiento en que había vivido encerrada
para el amor, deseé que, por fin, su corazón se abriera
en la más hermosa declaración de amor que jamás antes
hubiera escuchado de hombre alguno. Cuántas veces esperé
a que me hablara de sus inquietudes y sus esperanzas; de sus sueños
y sus deseos, en los que yo y solamente yo era su motivo y su razón
de ser. Cuántas veces imploré que llegara el día
que marcara el inicio de mi vida junto a él, para entregarle mi
amor con la misma devoción que adivino en sus palabras cuando me
habla hasta de las cosas más triviales. La mismas veces que tuve
que postergar mi ilusión y mi ferviente deseo de corresponder a
su amor con toda la intensidad que él habría de entregarme
el suyo. ¿Qué lo detenía? ¿Qué impedía
que ese fuera el primer día de nuestras vidas, juntos por siempre
de ahí en adelante? Quizás el temor a que no corresponda
a su afecto, y no se da cuenta que es lo que más deseo en la vida;
tal vez tema que me ría de sus palabras, y no sabe que es lo que
más deseo oir. Y aquí estoy, viviendo día por día,
esperándolo sin reservas, especialmente ahora que he comprendido
lo absurdo de mis sueños juveniles cuando esperaba al príncipe
azul que habría de transportarme, con la magia de su amor, hacia
las regiones más sublimes del ensueño, sin querer entender
que junto a mí palpitaba el amor en su más pura y callada
esencia; hasta que me di cuenta que mi príncipe no llegaba, simplemente,
porque yo no era una princesa. Entonces descubrí que la realidad
podía ser más hermosa que el más hermoso de los sueños
y que la sencillez de un cariño sincero puede valer más
que todo el oropel de los sueños azules. Pero ese mañana
ya está aquí. Lo presiento en la inquietud de su mirada
y en lo nervioso de sus gestos. Hoy, sí, hoy sabré de la
inmensidad de su cariño. Estoy segura que a la salida del trabajo,
camino a la estación, me hablará de todo su afecto y yo
le corresponderé con todo el ímpetu de este corazón
que también está ansioso por amarlo con la misma adoración.
El no sospecha que ya conozco sus sentimientos porque lo he leído
en sus miradas, y que hoy comenzará nuestro camino, juntos por
la vida, en una historia de amor que nunca tendrá fin. Pero hay
algo que también me detiene: ¿cómo responderé
a su reclamo de amor? ¿Sabré corresponder a la ternura de
sus palabras? ¿Tendré el valor de aceptar el vínculo
que cambiará mi vida? No sé... no sé...
**********
Ya estamos en camino a la estación y mi ansiedad lo hace más
corto todavía. Nunca creí que me angustiara tanto una situación
así. Sé que empezará en cualquier momento, tan pronto
se libre de ese zángano que viene hacia nosotros con cara de circunstancias
para conseguir algo de dinero para sus vicios. Espero que no se deje engañar...
sí, creo que va a empezar, Dios, que nada distraiga su atención,
ni siquiera ese ruido molesto de coches en escapada, apurados por ir a
ninguna parte... ¿La pequeñez de mi amor podrá igualar
la nobleza del suyo?... Quizás si me detengo un momento a mirar
esos vestidos él encuentre oportuna la ocasión para hablarme
y yo la serenidad de escucharlo... Sí, creo que sí... Pero
algo le molesta, estoy segura. El maletín que carga me parece muy
pesado y lo he visto cojear ligeramente desde que dejamos la oficina,
como si una piedrita lo molestara y distrajera su atención... Parece
que ahora sí se ha decidido. Dios mío, ¿sabré
ponerme a la altura de su afecto? Me detendré en esa tienda de
zapatos para tranquilizarme un poco y entonces sí que me gustará
escuchar la hermosa canción de amor que estoy segura que tiene
para mí. ¡Pero qué mala suerte! Ya hemos llegado a
la estación y además ya el bus está arribando. Otro
día más que se va sin que podamos confesarnos nuestros sentimientos;
ahora que particularmente lo notaba decidido a hablarme y yo estaba dispuesta
a escucharlo. Pero estoy segura que no pasará de mañana.
Mañana, sí, mañana me lo dirá.
3. El autor
Esta es una hermosa historia de amor que jamás
podrá ser contada, porque ellos, con su silencio, se negaron a
escribirla.
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