HYBRIDO

ARTE Y LITERATURA

LUZ E. MACIAS
es natural de Colombia.. Radica en USA desde 1980 y ha hecho estudios de Literatura y un post-grado en Educación bilingüe. Es activa participante de festivales y talleres de literatura. Dirigió la revista literaria “Casa del Hada” en 1994 y próximamente publicará un libro de cuentos.

Querida tía


“Soy un niño malo”. Me lo dijiste ayer en la noche y por eso no dormí. Te miraba en mi sueño a través del espejo que está en tu cuarto frente a tu cama. En ese espejo curtido por los años, de puntos opacos por el moho, por el frío que fue calándose en tu cuarto. Te vi cual larga y fea te estirabas y te encogías en tu lecho… Tu seno izquierdo grande como mi pelota verde se asomaba a través de la friza de seda deshilachada. No me atrajo. Ya no quería rozar mis labios en el pezón rosado de tu juventud. Volví a mi cuarto lleno de dolor. Espasmos aguijoneaban mis glándulas genitales. Querida tía, ya no me regocijaré en tí. Hay otras mujeres a quién mirar, a quién tocar. Ellas me cargan; yo soy un niño hermoso, por eso juegan conmigo. Me acuesto con ellas. Juegan con mi sexo. Me hacen cosquillas y ya ves qué embelesado estaba que me descubriste con tu mejor amiga. Ellas también tienen derecho a estar conmigo. Soy un corrupto. Te miro a través de mis ojos, te visto y te desnudo cada vez que quiero. Ahora puedo entrar a tu cuarto sin esconderme. Lo sigo haciendo en mis sueños, paso fácilmente a tu cama, me meto en ella y quedito como si alguien te fuera a escuchar me dices: agáchate sin hacer ruido para que mamá no te vea. Y me introduces entre tus piernas. Allí donde hay un sol ardiente, donde huele a pan recién hecho. Pongo mis labios en esa maraña negra de hilares que me van envolviendo alocadamente. Te siento transpirar, te siento sonreír, eres mía. Coges mi mano y me llevas por tu cuerpo; te voy dibujando en el silencio de la noche, en la oscuridad, pero mis ojos te ven sonreír con tus labios sonrosados; te apasionas. Tía, hoy en la mañana me he levantado, he ido a tu cuarto; ya no estabas. Sentí frío, me metí en tu cama. Mamá llegó hasta aquí, sabes a nuestro cuarto, ahora es mío. Me ha preguntado por qué estoy triste. ¿Por qué mis ojos no tienen ese brillo de los días pasados? ¡Qué sabe ella de mi dolor!, ¡qué sabe lo que un adolescente de trece años puede sentir..! Estoy aquí atado a ti, esperando que vengas a verme, ya sabes que te espero, me lo dijiste en tu mirada. No quiero ver a nadie que no seas tú.



Querida tía, hoy en la mañana abrí la gaveta de tu cómoda, allí estaban tus pantaletas, tus brasieres, tus enaguas. Los apreté junto a mi pecho. Metí mi cabeza en ellos para sentir tu olor, para husmear tu sexo. Pronto me desnudé y los pasé a través de mi cuerpo como me acariciabas. Caracoles de colores rodaban por mi cuerpo hasta saciarme en ti. No tengo miedo si me descubren, tampoco lo tuve ese día que estuve en tí y tú en mí. No me dolería que mamá llegara en el preciso instante que estoy contigo. Desnudo juego; un ruido lento de pisadas en el pasillo anuncian tu llegada. Estoy feliz, siento tu olor, tu colonia, tus dientes transparentes, tu sonrisa cálida, otro rato de ensoñación, el crugir de los zapatos se alejan de mi cuarto. Un olor a alcohol invade el espacio, me tapo la nariz. Un llorar en la lejanía se va acercando aquí donde estoy. Me levanto, pocos pasos me alejan de la ventana. Abajo ellos giran en círculos, miran a la luna. Te busco entre ellos ya no estás. Nadie conoce nuestro secreto. Tía, de mi padre te diré que ha leído mi dolor, la ausencia que crece en mi cuerpo sin tu manantial de secretos. Esta mañana me ha preguntado cómo me siento sin ti. Su mirada cómplice suavizó mi rabia, su risita escabrosa me encegueció. Quería saber cómo la pasaba sin tus cuidados. Quise gritarle que te amaba, pero callé. Para qué hablar con sordos, enrostrarle el amor que siento, que no puedo dormir sin tu persona. Que en las noches me paso mirando tu ropero, tus esclavas, tus zapatos que los tiendo sobre mi cama, tu cama y te visto y te desnudo. Primero te pongo las pantaletas suavecita, te levanto una pierna luego la otra hasta cubrirte ese monte donde tantas veces me he bañado. Después te pongo tus brasieres, te toco tus senos suaves y tiernos, melocotón fresco de la mañana. Luego te pongo tu blusa y tu falda. Te miro, te abrazo, ya no estás. Lloro. ¿Por qué me abandonaste?
Ayer frente al espejo, vi tu rostro. Giré sobre mis piernas tiernas, mi sexo estaba en brote, salté sobre ti, digo sobre mí y te vas alejando... Me quedo solo en este cuartucho, prisionero por esos barrotes que cubren la ventana, en esta inmensa habitación de mi soledad. Estás ahí ausente, sin que los años te olviden. Recojo la carta, releo: Hoy en la mañana antes de asomarme a la ventana y mirar a través de las columnas, te vi parada frente al espejo, mis manos suaves y tiernas
contorneaban mi cuerpo, esbelto y ágil, terso, mis dedos se deslizan por tu piel, tu amiga Marta se quedó a dormir en casa. Durmió en tu cuarto, digo mi cuarto. De noche hice lo mismo que contigo. Me aceptó y nos amamos, nos acariciamos. Pregunté por ti. Sólo el silencio volvió a mí. ¿Dónde estás tía? ¿Dónde te fuiste? Camino por la habitación, me siento frente a la puerta, escucho ese llorar que se va aproximando. Espero. Creo sentir tu voz, creo saber que te estás muriendo poco a poco como yo en este momento. Si sientes el mismo espanto y soledad que sentí años atrás. Verdad que duele. Sé que se te está cayendo la piel a pedacitos. Siento tus lágrimas aquí en mi pecho. Lo amé, como tú lo amas.
Esta mañana me levanté temprano. Busqué en tu cuarto todos tus recuerdos. He llorado al encontrar la carta de Manuel. ¿Quién es él? Dime... ¿Te has ido con él? He buscado su dirección, su teléfono... Estoy releyendo una de sus cartas: "Amada Eloisa, hoy he comprado tu pasaje, ahí te lo envío. El departamento es lindísimo, pero sin ti es frío, hay un vacío que sólo tú llenarás. Te espero ansiosamente. Te adora, Manuel". Como un loco he revolcado el cuarto, he buscado la dirección. ¿Dónde estás? Sólo el dolor, la soledad son mis compañeros. Tus gritos anuncian la muerte de Manuel. Mi sufrimiento y el vacío han cobrado una deuda vieja. Me levanto y abro el gavetero del nochero, releo la carta: "Querida tía hoy he robado por ti. Tengo bastante dinero como para comprar un pasaje de esos que te envió Manuel. Quiero estar junto a ti. Voy a ir a esa agencia, donde él compró el tuyo, ¡quizás ellos sepan dónde estás! Hoy me he
levantado con odio hacia a ti. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué dejaste de quererme? Recuerdo con dolor que esa misma mañana me gritaste que era un niño malo. ¿Por qué? Todavía me pregunto. Te mordí tu seno, como he mordido hoy el cuerpo de Manuel, como él mordió mi sexo. Así lo hice, como tú me lo pediste un día, como él me exigió hoy. Tu amiga Margarita le gusta, a Manuel también y ¿por qué tú me gritaste que soy malo....? Querida tía, hoy 28 de noviembre estoy en nuestro cuarto. He sacado tus vestidos, tus aretes, tus medias. Me los he puesto. Estoy frente al espejo mirándome, viéndome en tí, somos igualitos, con tus pintalabios he delineado mis labios gruesos y húmedos. He delineado los ojos y tengo como tú, el pelo un poco largo. Estoy feliz porque esta noche mi hermano Felipe viene para nuestro cuarto.