Mentira
La soledad no es una mujer
La soledad tiene el sabor del mentol
color azul piedra.
Es tipo agua fría
con capacidad azulosa
(como la que pasa por las patitas de los nietos de la Gabriela)
Araña los talones
Sube por las entrepiernas
vía ingle hacia el ombligo.
Se esparce por el vientre
se posa sobre los dos senos,
pellizca la punta de cada pezón.
Los músculos,
(desde los ovarios al corazón)
se empapan
(diestra ella).
Queda instala en calidad motora,
sembrando punzaditas por el terreno del cuerpo.
La soledad es amarilla…
como el pipí que se nos escurre
cuando no alcanzamos el baño,
la humedad esparciéndose por las piernas,
pantalones fríos
dando la cara de niño
a los ojos de algún adulto que nos mira.
Mentira.
La soledad no es una mujer.
Es como las piedrecillas de las cuestas
las de los zapatos rotos.
Un condimento desconocido
Que se engulle sin darse uno cuenta,
Hasta sentir su sabor
desde la punta de la lengua
hasta la última curva
de los ojos
de las narices…
tipo wasabi japonés.
Azul y amarillo da verde o ¿no?
Mentira.
La soledad no esa una mujer.
Como la virgen no es virgen.
Como Dios no es Dios.
Monta-ecos,
Tritura-egos,
Zapatea-almas,
Una trizura
A la que uno ingresa de a poco.
Es la soledad.
Descenso orinado
espacio mentolado,
zapatos portando piedrecillas.
Soledad, 100 gramos de wasabi.
Finalmente.
Soledad,
gas actico
tras una semana de abdominales.