José Jesús Osorio
Selección de poemas incluidos en la antología
Encuentro
10 poetas latinoamericanos en USA
Editada por Sin Frontera Editores en enero de 2003
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LA CIUDAD
José Jesús Osorio
A Cali
La ciudad queda atrás,
desde la distancia la nostalgia
calcifica las calles.
La ciudad es la misma en ti,
pero es otra.
Distinta su gente,
sus calles se ampliaron en todas direcciones.
La ciudad en tu pensamiento
es una quimera de tu soledad,
del paso del tiempo y las penas del corazón.
Las voces que todavía escuchas
ya no son juveniles.
Las miradas no son claras, despiertas, sonrientes.
Los cuerpos empiezan a ser fláccidos,
los movimientos tienen un sentido
el juego ya no es placer puro.
Las gentes cambiaron, vencieron, los vencieron,
se entregaron, triunfaron, fracasaron.
Buscas en la ciudad el sabor, el olor.
La brisa, la tarde, el anochecer: todo es igual.
Algo ha cambiado.
Te asombras, enmudeces y preguntas:
¿Es la ciudad o soy yo?
¿Qué ha cambiado y qué permanece?
La ciudad, esta, la de ahora
no es más mi ciudad.
Nada permanece, todo cambia.
La ciudad sigue en mí.
No cambió y las calles de mi recuerdo
se pueblan de nuevo.
Desde el tiempo y la distancia,
la ciudad se recrea en mi nostalgia.
RECUPERACIÓN
A Hoover
Has ido al monte
Y en la orilla del manso río
Bebes tu soledad,
Limpias tu espíritu.
La ciudad te intoxicó.
No tuviste amigos,
La familia fue poca,
El vicio: la felicidad impostada.
La naturaleza te tiende su abrazo.
Miras al río y no te reconoces.
Tiemblas de frío y estás ansioso.
Tu cuerpo pide narcóticos,
La angustia vuelve.
La ciudad, con sus destellos incitantes,
Reclama tu vida.
LAS CALLES SIN TI
Las calles se me han vuelto de niebla
como en los primeros días después del once de septiembre.
De niebla y temor a tu olvido.
Así van mis huesos como sepultados en medio de fragorosos cementos,
sin un beso que los redima ni una mirada enamorada que los reconozca.
Mis huesos,
mis ojos saltados en soledad buscan en el vacío informe
la esperanza salvadora
que en caída triste se disipa al paso del tiempo.
Mis huesos y mis ojos y el dolor del cuerpo
que se arrastra en medio de la polvareda que ha dejado
el desamor después de los terrores de la despedida sin esperanza.
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