HYBRIDO

ARTE Y LITERATURA


ELBA I. COLON emigró de la Isla del Encanto a Nueva York en 1981. Cursó sus estudios en City College donde obtuvo una Licenciatura en Educación Bilingüe. Trabaja en el programa federal CCNY/SSSP como consejera académica. Actualmente, está completando su maestría en el Departamento de Lenguas Extranjeras y Literatura en City College (CUNY).

Decepción

¿Qué inclina a escribir las hondas verdades
de esa máquina creada por Dios?
Es la tristeza, la congoja
y una soledad infinita que inquieta día a día
las fibras de ese cuerpecito frágil y tierno de mujer.
En una mañana de invierno,
cuando la tristeza invade el alma, el corazón y la vida
éstas fueron sus palabras:
“¿Qué quieres, que sea hipócrita…?”
qué manera más sutil de decir: “No te quiero”.

El amor es un sentimiento que no se puede fingir.
Es apasionado y dulce,
oloroso como la fragancia de una rosa en pleno amanecer,
suave como la caricia de una manita
y tierna como la caricia del sol y el viento
y puede permanecer como una llama,
encendida en lo más profundo del corazón;
pero también es doloroso.

Un vacío profundo invade esa máquina, que llora sin consuelo.
Condena la ironía de la vida
y a ese amor que se aleja sin poderlo evitar.
La soledad invade ese cuerpo que una vez temblaba
y lloraba de alegría con sus caricias.
Ahora tiembla de frío,
pero esta vez, buscando su calor que se esfuma y desaparece
cual niebla mañanera en las alturas de la montaña.
No hay coraje. No hay odio.
Sólo una triste y profunda decepción.
Los recuerdos y los momentos mejor vividos
quedan escondidos en esa máquina tan perfecta que hizo Dios…


Quizás se pueda amar de nuevo,
pero no con la misma intensidad y fuego…
porque ese recuerdo que una vez robó el corazón
no dejará cupo a otro amor;
ese hilo de sentimiento cargado de alegrías,
dulzura y pasión que una vez hubo
seguirá hasta la eternidad.

Largos años quedan atrás.
Despertaron los sentimientos en ella;
nació la mujer, la madre, y la amante.
¿Qué pasó? ¡qué irónica es la vida!
Se esfumó para siempre.
Que desilusión cuando despiertas y te das cuenta que soñaste.
El amor llegó a su final.
Pronto, muy pronto,
las vicisitudes que nos dio mueren.
Ahora hay calma, calma lenta que no tiene fin.
Luego esperar y esperar.
Cuando suavemente la mirada descienda,
no habrá lucha, pero será alentador.
Los ojos se nublan con el recuerdo;
y la máquina, creación de Dios, se nutre con el calor,
la dulzura y un aliento que huele a rosas
tocado por el rocío mañanero.
Amar es doloroso, sí;
y partir es como las aguas del río que aunque lleven su rumbo
se pierden en la inmensidad del océano.
Ese amor se esfumó como una gota de agua, lentamente...
en la oscuridad, esperando un nuevo amanecer.
Sólo queda tranquilidad y sosiego;
esperando que otra llama de amor florezca
como un jardín de rosas y azucenas.
Aunque nuevamente haya otra decepción.