CARMEN DINORAH CORONADO,
psicóloga y consejera escolar, es nacida en la República
Dominicana. Escribe ensayo, poesía y ficción. Ha publicado
tres libros: Manual de Relaciones Humanas y Madurez Psicológica,
Alma de niños (poesía-teatro) y Bosquilandia I (cuentos).
En la sección International Hall of Fame del Internet aparecen
tres de sus poemas. Además ha publicado en las revistas literarias
Vetas (Rep. Dominicana) y Marcapasos (Universidad de Salamanca). Es miembro
de la Tertulia de Escritoras Dominicanas en los Estados Unidos, coordinada
por la Dra. Daisy Cocco de Filippis. Estos poemas pertenecen a su libro
inédito Interioridades.
Libertad del silencio
A Héctor Rivera
Déjame zambullir en los meandros del silencio
dialogar con mi otro yo
recorrer los relieves del pensamiento
acariciar la tibieza de una idea.
Déjame escabullir en cada recodo de mi aliento
tejer pureza con el aire que exhalo
lavar mi corazón inquieto
y entrar al aura de mis sueños.
Déjame penetrar en los redobles del viento
necesito ulular en su altura
multiplicar mi sombra callada
y colmar de risa el horizonte.
Déjame pintar la libertad en tus labios
para construir gestos solidarios
que derriben muros invisibles
y abran ventanas en mi alma.
Esta soledad gigante
Multiplica los bostezos del verso
aprieta las pupilas del silencio
mece con sollozo los secretos tristes.
Esta soledad gigante danza con el olvido
y descansa en un poema.
Abuelo
Aprieta mis suspiros en las palmas de tus días
crecen mis sueños en tu barba legendaria
donde el paso del tiempo no se cuenta con dedos
sino con piedras.
Con tu bastón golpeas la prisa
saludas la alegría en el banco del recuerdo.
Abuelo, hueles a memoria de mangos
a luciérnagas cargadas de juegos luminosos
el verbo se alarga en tus labios con temblor lúdico.
El columpio de las nubes mece tu ternura
y allá, más allá del cielo me llevas en tu alforja
de memorias.
Los misterios del hastío
Silencio, soledad somos
cocidos con el barro que exhalan níspero amapola.
Soledad somos en el click de una computadora enchumbada de símbolos
en la repentina presencia del Internet erótico [ extraños
en la ajena voz de una máquina mensajera.
En esa pálida luna de casabe
desciframos los misterios del hastío
ella nos redime de la Metamorfosis de Kafka
de la impotencia del Coronel no tiene quién le escriba.
Sumida en la nostalgia de la hamaca caprichosa y del tambor conuquero
imprimo tu nombre en los labios del otoño nebuloso
y dejo caer mis sueños en el viento que nadie recorre.
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