HYBRIDO

ARTE Y LITERATURA

 

 

CARMEN "TATTA” TORRES TELLO es natural de Trujillo (PERU). Tiene estudios de Periodismo y Relaciones Públicas. Su vocación por las letras la ha llevado a participar en varias revistas trujillanas y en la actualidad es Presidenta de la Asociación de Escritoras Norteñas del Perú–Núcleo Chiclayo.

Buenos Aires sin ti

ESTA lloviendo torrencialmente sobre Buenos Aires y estoy aquí, en el boliche que ya era un poco nuestro, ¿te acuerdas? Aquí veníamos cada noche a cenar, a tomar un café. También veníamos a charlar, y alguna vez a reconciliarnos después de una pelea. Y aquí estuvimos la última vez que nos vimos...
Han pasado dos largos años. Volví ayer y esta noche estoy nuevamente en este lugar. Pensando en ti, en nosotros, en todo lo que tuvimos y no supimos cuidar. Los recuerdos se agolpan en mi mente... Esa noche también llovía. A cántaros. Y aún así, yo anduve las calles, sin rumbo, medio perdida, mientras sentía cada gota de lluvia en mi cara, confundiéndose con mis lágrimas...
Todavía me cuesta creer que tus miedos pudieron más que tus sentimientos. Fuiste innecesariamente cruel para despedirte. Hubiera bastado con decir que te ibas porque estabas harto, o porque no me querías más, o porque te gustaba otra mujer... pero tu quisiste ser honesto hasta el final, y sin parar a pensar, hablaste: Que te ibas porque tenías derecho a vivir tu propia vida, que si te quedabas ibas a vivir mi vida y no la tuya; que no tenías nada que reprocharme: Yo había sido un ángel al no haberme quejado nunca y al no haberte pedido nada... pero que asumías que eras un maldito cobarde, tenías mucho miedo y no te atrevías a esperar el momento final junto a mí. Yo no te retuve. Tragué el llanto que me ahogaba y tragué el miedo que sentía al quedar sola cuando hacía sólo 24 horas que había salido del hospital. Tragué también el último diagnóstico. Te dejé ir. Pude hablar, pude decir tantas cosas... pude preguntarte ¿quién te había asegurado a ti que vivirías más que yo? Pude recordarte una a una tus promesas, porque tú me habías prometido que nunca más iba a estar sola, que tú estarías junto a mí hasta el último día de mi vida. Ya ves porqué yo odiaba tanto las promesas: jamás se cumplen cumplen. El último día de mi vida no había llegado y ya tú te ibas de mi lado... Pero no te dije nada. Te había escuchado en silencio mientras sentía un nudo horrible en la garganta. Y te dejé ir. Es más,te recordé que yo siempre te había pedido que si un día lo mío te superaba, te vayas. Y te ibas. Me mordía los labios y apretaba los ojos para no llorar, para que nada te retenga. Ni una palabra. Ni un gesto. No podía decirte que estaba aterrada, que precisaba de ti más que nunca, que jamás había estado tan asustada... porque hablar hubiera sido tocar todo lo sensible que yo sabía había dentro de ti, y no podía atarte a mí. Yo estaba enferma y tú no podías más.
Habías estado a mi lado mucho tiempo, cuidándome, mimándome, protegiéndome,
atendiéndome permanentemente, y te habías desgastado.. No podía pedirte más. Tal vez es cierto que a veces, el amor no alcanza...
Debo tratar de entender que no todos los seres humanos tenemos la misma capacidad, la misma fuerza para luchar contra algo tan adverso como es una enfermedad irreversible. Los médicos habían sido muy severos en su diagnóstico final. No había muchas posibilidades... Aún recuerdo la expresión de tus ojos cuando el doctor lo dijo. Fue como si hubieran apagado todas las luces.
Esa noche, cuando me decías que te ibas, que no podías más, yo no quise retenerte. Cuando se ama a alguien, no se puede ejercer presión, y yo te amaba. No terminé el café y salí a la calle, a la lluvia, al resto del tiempo sin ti. No podía contener más el llanto, tenía que irme, quería gritar hasta quedar sin voz. No sabía qué iba a hacer después, no podía pensar, sólo necesitaba estar totalmente sola.
Yo sabía que un día ibas a irte. Lo había hablado con mi médica, que desde el principio se opuso totalmente a lo nuestro; dijo que si nos enamorábamos nos íbamos a hacer mucho daño al final, porque tú no ibas a soportar el progreso de la enfermedad... Para el caso que le hicimos...
Tú decías que tu amor iba a poder más, que ibas a luchar conmigo, y eras tan convincente, que me dejé ganar por ti...Y así fue que nos metimos con todo a vivirlo, ¿te acuerdas? "Vamos a vivirlo a mil". Era hermoso lo que teníamos. Hicimos tantas cosas juntos. decías que mi vitalidad era contagiante, que yo era muy fuerte, que estabas aprendiendo mucho de mí... Y las noches, nuestras interminables charlas piel a piel. Y tantos besos, tantas maneras de hacernos el amor y de ser felices...
Aún me quema la piel de tanto extrañar tus caricias... No necesitábamos tocarnos, bastaba mirarnos para estallar. Tantas locuras hicimos. Cuando había tormenta y nos sentábamos cerca a la chimenea a tomar mate y terminábamos amándonos como dos desquisiados, como si fuera la última vez, ¿te acuerdas?
Hasta esa noche, cuando saliste de mi vida, o me sacaste de la tuya, qué más da. Fue tan difícil superar esos días. Y las noches... Lloré tanto por ti y por mí. Por ti, porque no supiste enfrentar tus miedos, porque no te jugaste por lo que teníamos, porque no cuidaste de nuestro regalo del cielo: encontrarnos, conocernos día a día, descubriéndonos poco a poco. Por mí, porque me quedaba sola con un montón de recuerdos, y con toda la bronca del mundo, porque tú estabas decidiendo por los dos.
Fue tan duro volver a vivir sin ti. Hacer todas las cosas sola. Pero no podía parar a sufrir. Tenía que seguir con mi chequeo médico, tenía que ir a buscar mis medicamentos, tenía que seguir en mi lucha. Y aprendí a vivir con el dolor dentro de mí. A reír hacia afuera, aunque me costara tanto. Hasta que regresé a mi país. Meses después llegó tu carta. La vida que habías elegido vivir sin mí, no era vida... sin mí. Estabas tan arrepentido. Esa noche habías estado loco. Me necesitabas... Yo aún estaba muy lastimada, aún tenía mucha rabia. Y aún estaba viva. Contra todos los pronósticos de los médicos, seguía viviendo. Luchando, con esfuerzo; pero gracias a Dios, viva, y con
todas las ganas del mundo de volver a amar, de volver a darme, de volver a creer, a ser feliz. Pero ya no estaba para ti.
Volví ayer y esta noche vamos a tomar un café en este boliche que ya era un poco nuestro, ¿te acuerdas? Sigo creyendo que lo que tuvimos fue hermoso, que el tiempo que tú y yo estuvimos juntos, es irrepetible; y sigo pensando que fuiste mi regalo del cielo, porque contigo aprendí mucho de la vida. Supe de la felicidad inmensa y del dolor que rompe todo por dentro. Y también contigo conocí el amor, la pasión, la locura. Pero ya pasó. Han sido dos años sin ti, luchando cada minuto contra algo muy fuerte y preciso de toda mi energía para seguir. Gracias por todo lo que me diste. Gracias por todo lo que aprendí a tu lado. Contigo compartí la alegría, las lágrimas, el dolor físico... Lástima que no me compartieras la esperanza.