Carlos Aguasaco
La poesía del cuerpo y el cuerpo de la
poesía
A propósito de El incansable juego
Yrene Santos. Santo Domingo: Letra Gráfica, 2002.
E n la década de los 80 la poesía escrita por mujeres irrumpió
en nuestra literatura hispanoamericana con una fuerza incontenible. Las
poetas traen consigo voces frescas y una variante estética que
le dio a nuestra literatura un cariz renovadamente humano. Nuestra poesía
tenía dos almas latiendo en su pecho y una de ellas despertaba
e imponía su sensibilidad. Lo femenino visto desde lo femenino,
la mujer como punto de partida dejaba de ser objeto del deseo y se convertía
en la voz que canta el poema. Es cierto que algunas de las escritoras
pecaron al escribir una poesía que reclamaba derechos con base
en su juventud y su sexo. Otras se refugiaron en una misantropía
que disocia a los poetas y las poetas hasta nuestros días. Veinte
años han pasado y podemos analizar este fenómeno literario
desde sus resultados en el tiempo y el espacio. La poesía de Yrene
Santos es quizá la gran sobreviviente de esa época en la
que la voz poética comenzó a celebrarse a sí misma
entre las sábanas.
En El incansable juego hay una voz que recorre un cuerpo, su cuerpo, por
la superficie curvilínea y húmeda de la página que
toma forma de torso vestido de letras. Cuando la voz sale del cuerpo recorre
la alcoba donde el amante yace vencido. La escena amatoria es siempre
un hecho del pasado, la voz poética aparece personificada y se
encuentra sentada escribiendo el poema.
Si usted se pregunta: ¿Qué siente el alma femenina después
de hacer el amor? El incansable juego le dará una respuesta. Si
la pregunta es ¿Qué siente el alma femenina
antes de hacer el amor? No lea este libro. Estos poemas han sido escritos
con serenidad en noches de insomnio y la poeta ha hecho un inventario
del cuerpo y sus consecuencias, quiero decir que la voz es madre, hermana,
hija, amante, compañera de lucha y lectora incansable. “Después
de ejecutar acrobacias con mi cuerpo, con mi mente, con la palabra; quise
descender dando vueltas y más vueltas en el suelo recién
húmedo, recién satisfecho de amor pero no pude”, nos
dice el poema Reencuentro en el que la voz vuela convertida en mariposa.
El Incansable Juego es un acto ritual, es una homilía de la vida
diaria, es la hermenéutica del amor después del amor. Este
libro canta el gozo de engendrar un hijo después de haberlo dado
a luz. “A veces/ posa sus patitas en mi piel/ se eriza/ palpita/
sueña”.
La obra de Yrene Santos es de lectura obligada para el que quiera descubrir
por qué la poesía hispanoamericana entra como vanguardia
estética en el tercer milenio. Estoy seguro de que la República
Dominicana recibirá este libro con el mismo calor que lo engendró
en Nueva York. La poesía del cuerpo es el cuerpo de la poesía
en El incansable juego, la unidad entre el contenido y la forma se hace
muy clara en el plano alegórico. Este libro acepta lecturas múltiples
pero no lecturas literales, se trata de una narrativa de la intimidad
en la que el cuerpo del lector escucha una voz que le dice “ven
aquí/ sueña que me desvistes”
¿Cuántos de ustedes serán capaces de soñar
ese sueño?
|