CARLOS ANTONIO MONESTÉS
nació en la ciudad de Rosario, Santa Fe (Argentina) en 1945. En
Córdoba egresó de la carrera de Letras (U.N.C.) y publicó
su primer libro de poesía en colaboración con Jorge Estrella,
Sésamo ábrete (1970). A este libro le siguieron Diario de
viaje (1996), Lecturas/Medios/La calle (1998). Es editor de la revista
de literatura y cultura Rizoma.
Y roer
Y roer.
Roer como el conde Ugolino el cráneo de Ruggiero.
Roer el frágil tallo de la azalea que se esconde a mi vista
[esperando el vaso de agua.
Roer el monedero, sus costuras, sus compartimentos estancos.
Roer el ruido de la basura.
Roer la cuerda que tiran, el piolín que pende del paquete.
Roer la cáscara de fósforos y la cáscara de naranja.
Roer el maravilloso mundo de los hermanos Grimm.
Roer tu carne ajada abierta al mundo.
Roer el tul de la neblina que se cae y te cae.
Roer las sábanas sufrientes mojadas por la lluvia.
Roer las ligaduras atadas a un silencio.
Roer el agua bendita, la orfandad y el batipsterio.
Roer tus labios rojos.
Roer los colores de las mariposas hasta apagarlos.
Roer el viento cuando descuidado arrastra las pelusas.
Roer las pelusas arrastradas por el viento.
Roer el agua lastimada, crear la lluvia.
Roer la lluvia, ponerla en cajitas, hacer sonajeros.
Roer las cajas de música, ponerlas patarribas.
Roer la misantropía, el contemplar de las plazas.
Roer lo que tritura tu vientre y mi vientre.
Roer la dentadura dientuda del Destino.
Roer las medias mojadas ese día de lluvia.
Roer el cinturón después de bajar al ahorcado.
Roer cuando te callas, te despiertas y me preguntas adónde vamos.
Roer lo raído y lo sano de una misma bolsa.
Roer las cuatro costuras del pañuelo e irse.
Roer lo que circunda mi féretro.
Roer las amapolas, el Divino Narciso.
Roer, quisiera verte, todo lo cierto, en ese momento.
Roer si estás sentado, tan aplastado que la boca come tierra.
Y roer.
Te amo
Te amo.
He pensado en ti llena de aura.
Te desvistes callada, casi con recogimiento, pensando ¿qué?
Hay un halo que entregas con vos
a este bandeirante de los cuerpos y los tonos de voz sin aullido.
Te desvistes. El pie arriba de la cama, y las medias recorren los muslos
Y la rodilla flexionada. Silencio. No se habla.
La media va a cualquier lado. No hay orden.
El orden es la piel. Hay caos de pechos.
Y párpados ausentes y cabizbajos.
El ogro te obliga a sacarte los anillos
Y pura los cuerpos empiezan un abrazo, un leve enredarse en las [espaldas.
Y los besos encallan como estrellas que se buscan
En la inacabable calesita del universo.
Te amo.
He pensado en ti como un convenio poético para escribir
Como una ausencia (pero te tengo), como un pasado
Pero ahí estás al borde de la cama, la escapada espalda
librando
[los breteles
Para que al silencio no veamos los rostros
No descubramos en esta o aquella mirada el amor del otro
Allá cada uno abandonado a sus vericuetos de pasión y éxtasis
Tu espalda ya está lista para escribir. Solo ver. Mi musa de ver.
El matrimonio nos ha llevado a esto.¿Alguien desconfía de
él?
Sentada como estás, un segundo de quietud, quizás esperes
la mano
[del ogro
que del hombro te acueste de espaldas sobre la sábana a rayas finas
[y gruesas.
Y cae la mano perfecta y libre a sostenerse por sí misma
Y tiembla e ignora el alrededor
Y espera.
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