ALPHONSO DE LA LUNA es sólo
un bohemio. Peruano del mundo. Sin edad precisa ni oficio
Conocido. Su afición mayor la constituyen las gentes y sus historias,
los recuerdos propios como los ajenos y poder escribir de todo eso.
Te dibujo, Papi
HARÉ tu cara y tu cuerpo. Tomo bien el lápiz y me aventuro
primero a pensar cómo trazaré tu rostro y cómo tu
ropa. Me han pedido un dibujo de ti, papi. La maestra nos ha dado una
hora o dos, lo que nos tardemos no importa mucho. Nos ha dicho, eso sí,
que seamos lo más exactos en esto de dibujar a papá y yo
he comenzado antes de que ella termine de hablar.
Una circunferencia; de allí partiré para el rostro. La alargaré
un poquito. Debo borrar abajo y también arriba; y luego completar
la frente y la barbilla. Tu cara debe tener esta forma.
Te pondré los ojos después. Negros y redondos como los míos,
te los pondré, y las pestañas mirando para arriba. Me miro
los ojos en la ventana del aula para hacértelos igualitos. La boca
no me saldrá bien, seguramente. Dos rayas serán suficientes.
Las orejas son fáciles y nariz....siempre he pensado que las narices
son lo de menos, quizás no deba dibujártela.
Tu cara está casi lista. Le voy a pasar crayola. Te veo y me das
risa. No sé si serás así de serio, por eso me río,
papi. Mi amiguito de al lado le ha hecho anteojos al suyo pero yo no.
Me verá y quizás piense que soy un copión... En cambio,
te dibujaré un bigote con plumón. Con eso creo que has quedado
mejor. Los bigotes hacen más grandes a las personas grandes.
Dibujarte el cuerpo me va a costar un poco. No creo que deba hacerte tan
flaquito como yo, ni tan gordo como el director. Creo que me vas a quedar
bien si te pongo regular nomás. Y de lo alto o pequeño no
se te notará porque en el papel nadie habrá a tu lado como
para compararte.
Debo hacerte un traje. No es bueno presentar a los papás desnudos;
menos ante la profesora de uno. Aquí sí me demoro; no sé
si un mandil de médico estará bien o un terno azul de abogado.
Talvez de aviador te veas mejor. Sí, de aviador te voy a poner.
Son bonitos los trajes de aviador y debe ser bonito serlo. Me estás
quedando rebién; más de lo que esperaba. Te he pintado,
incluso, rayas amarillas de militar sobre el traje oscuro. El gorro te
lo colocaré en una de las manos; aún queda espacio. Sí,
me estás quedando bien.
Casi te acabo. Si vieras el dibujo estarías contento de mí,
papi... Tus zapatos son lo que faltan. Te los pinto negros, otra vez tomo
el plumón, ya vas quedando terminado. Una raya para el piso y hasta
creo que podré pintar también un avión detrás
tuyo, chiquito, como si estuviera a lo lejos, y entre nubes.
Te dibujaré finalmente una sombra. No hay ningún hombre
que no tenga una sombra. Ahora he terminado. Estás muy bien, muy
serio, te ves grande y estás de aviador. Cuando crezca quiero ser
como mi dibujo; quiero ser como tú. Te miro otra vez en el papel.
Se lo he mostrado a Marquito a ver si le gustas y se ha quedado bocabierto;
“¿Tu papá es aviador?”, me ha preguntado mientras
él dibuja a su papá con ropa de carnicero. Le he asentido
con la cabeza pero no le he dicho ni sí ni no. Es hora de entregarlo.
La clase ya va a acabar. La maestra nos pide que anotemos nuestro nombre
y apellidos en letra script. De seguro va a ser el que más nota
tenga. Cuando nos lo devuelva se lo llevaré corriendo a mamá
para que ella lo vea también.
La profesora recoge los trabajos. Ve el mío y se sorprende. Me
dice que soy muy imaginativo. Toda la clase la escucha y corren a ver
mi dibujo de papá. Grande, de
bigotes y aviador. Quizás he debido decirles la verdad; que nunca
te he visto, papi. Que nunca quisiste conocerme. Que a mamá la
dejaste cuando yo iba a nacer. Pero ya no me dio tiempo, sonó el
timbre de salida.
|