SILVIO MARTINEZ PALAU

 

EL PABELLON DE LA COCAINA

              Vísítelo con su familia. Abierto a toda hora

                                                                                                              

                                    Si se destruyó a la República de Cocaína no fue porque, como decía la Administración McDonald, Coca era un país productor de droga. La droga en esos tiempos era la válvula de escape del país, y nadie mejor que la Administración presente para hacerlo. La retórica en contra de los narcóticos era demagoga y huera, cualquiera podía ver esto. La verdadera causa de la invasión a Cocaína, y la subsecuente matanza al por mayor, fue la producción en ese país de la literatura más rentable del globo. El gobierno de la Libertad vio en esto un peligro mayor que el pasado por

Nicaragua con sus Sandinismos. La producción literaria de Cocaína atentaba directamente contra el bienestar económico del país de la Libertad. Literatura era ésta, en que el exotismo alienante, el azucarado lenguaje de melodramáticos e inofensivos novelones, constituía un narcótico mucho más fuerte que el de las novelas Libertinas en inglés, o inclusive más apetecible que el de la desleída literatura contra el español, disparada desde Nueva York.

                                    Años antes de la Gran Explosión, mi padre me llevó un día a comprar un libro. Se llamaba Cien mil dólares sin laborar. Su autor era El Señor del Market, famoso escritor cocáceo, que inundó al país de La Libertad con su famoso libro. Libertad quedó sumergida en ese pantano de lirios y corazones sangrientos en donde se cuenta la historia de una familia de escritores, cuyo último vástago no podrá producir una obra de valor y se convertirá en un ser monstruoso, casado, con hijos y empleo en una de las tantas fábricas de desechos nucleares para el uso doméstico.

                                    Todo el orbe se llenó de traducciones de este libro proveniente de uno de los países de tercera, lo cual irritó a la Administración McDonald. Por esos tiempos se impuso la creencia de que la palabra escrita es en sí peligrosa, y que a través de la imagen y el sonido podría llegar a existir una comunicación pasiva entre el género humano. Se prohibió desde entonces imprimir libros y se declaró un crimen la lectura. Todo comenzó por querer proteger la economía del país.

                                    Tras la prohibición de la lectura en el país de La Libertad, su gobierno se preparó a enfrentarse al "Problema Cocaína”. La Administración McDonald mandó el ultimatum a sus líderes el mismo día que apareció la ley antilectura. Este ordenaba al primer mandatario coquero, de inmediato, suprimir toda impresión de libros, sobre todo la de Cien mil dólares sin laborar, la cual tanto daño había causado en el país de La Libertad.

                                    El gobierno de Cocaína, desde su capital, Basuco, mandó a decir a la Administración McDonald que los libros eran la base económica nacional, que se acordaran cuando producían bananos, cómo los precios en el mercado eran irrisorios e inestables; que los libros, sobre todo los del Señor del Market, mantenían al país saludable en su economía, y por favor, encarecidamente Cocaína pedía al gobierno de La Libertad, si en Libertad se creía en la libre empresa, redujera los impuestos de importación a los libros precedentes del país. Eran un escándalo las tarifas de aduana.

Esto encolerizó más al Gran Payaso de la Mcdonald. Bueno, a su esposa, McMomia, en verdad, pues Ronald dormía cuando la misiva llegó a las manos embalsamadas de la primera dama de la nación.

                                    La anciana, parca y decidida, hizo llamar a los electricistas presidenciales. Quienes llegaron al instante. Conectaron sus baterías a las orejas del mandatario durmiente, y, tras alta dosis de kilovatios, despertaron al Ejecutivo para que escuchara los encolerizados berridos de su esposa.

                             "El pabellón de la Cocaína” es uno de los muchos pabellones que pueblan Disneylandia , la novela "impublicable” (según su autor) de Silvio Martínez Palau.